Jacobo, llamado también Santiago el Ermitaño o de Palestina, fue un asceta que vivió probablemente en el siglo VI en Palestina, en la región del monte Carmelo. Su historia, envuelta en la leyenda, se conoce por una biografía anónima que en el siglo X recogió Simeón Metafraste, el gran recopilador de vidas de santos bizantinos. Por la zona en que vivió, antiguos calendarios carmelitas lo incluyeron entre los santos de su orden, aunque no pertenecía a ella.
Según ese relato, Jacobo había llevado durante años una vida de ermitaño muy admirada, pero cayó en una grave falta: abusó de una joven que le habían llevado para que la curara y, para ocultarlo, la mató. Hundido por el remordimiento, estuvo a punto de desesperar, pero un monje le ayudó a confiar en la misericordia de Dios. Se encerró entonces en un sepulcro durante muchos años, viviendo en penitencia, oración y gran austeridad, hasta que, según la tradición, una señal divina mostró que había sido perdonado.
La historia, más allá de los detalles que no pueden comprobarse, se transmitió como enseñanza sobre el arrepentimiento y la confianza en el perdón. Su memoria se celebra el 28 de enero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.