
Hipacio fue obispo de Gangra, ciudad de Paflagonia, en el norte de Asia Menor (la actual Çankırı, en Turquía), en el siglo IV. Su existencia histórica está aceptada, pero los relatos de su vida, tanto la pasión como las noticias de los sinaxarios griegos, contienen muchos elementos legendarios, por lo que conviene ser prudente con los detalles.
Según la tradición griega, sucedió a un obispo llamado Atanasio y fue un pastor muy activo: luchó contra los cultos paganos, construyó iglesias y abrió un hospicio para pobres y enfermos, con la ayuda de algunas mujeres cristianas que colaboraban en sus obras de caridad. Se le atribuye también un comentario a los Proverbios. Los sinaxarios afirman que asistió al concilio de Nicea del año 325, y su nombre aparece asociado al sínodo celebrado en su propia ciudad hacia mediados del siglo IV. La iconografía oriental lo representa a menudo venciendo a un dragón, un motivo legendario que simboliza la victoria sobre el mal.
Según la tradición, en una fecha imprecisa posterior a ese sínodo, mientras regresaba a su sede, fue asaltado en un camino por un grupo de novacianos, seguidores de un rigorismo cismático que se negaba a perdonar a quienes habían renegado en la persecución, y murió apedreado. Por eso la Iglesia lo venera como mártir. Su culto es especialmente vivo en las Iglesias orientales, y el Martirologio Romano lo recuerda el 14 de noviembre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.