Himerio fue un ermitaño que vivió en el actual Jura bernés, en Suiza, a finales del siglo VI o comienzos del VII. Lo que se sabe de él procede de tradiciones locales escritas mucho después de su muerte, por lo que muchos detalles de su vida son inciertos. Según esas tradiciones, pertenecía a una familia noble de la región.
La tradición cuenta que hizo una peregrinación a Tierra Santa y que, a su regreso, se estableció como ermitaño en el valle de Susingen, que luego tomaría su nombre. Allí, con un compañero llamado Alberto, roturó y cultivó unas tierras cedidas por el obispo Mario de Lausana y predicó el Evangelio a los habitantes de la comarca, en una época en que esas regiones alpinas aún estaban en proceso de cristianización. Los relatos medievales añaden episodios legendarios, como la victoria sobre un monstruo durante su viaje de regreso.
Sobre su tumba surgió un monasterio y, en torno a él, una población que hoy lleva su nombre en francés: Saint-Imier, en el cantón de Berna. El valle se conoce también como valle de Saint-Imier. Se le venera en esa región y en la diócesis de Basilea, a la que pertenece hoy la zona, como uno de los evangelizadores del Jura.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.