San Germán forma parte de un grupo de mártires venerados en Gerona, en Cataluña, junto con san Paulino, san Justo y san Sicio. Según la tradición, murieron en los primeros siglos del cristianismo en Hispania, probablemente durante la persecución del emperador Diocleciano, a comienzos del siglo IV, la más dura que sufrieron los cristianos del Imperio romano.
Los datos históricos sobre ellos son muy escasos. La tradición local, recogida en la Edad Media, presenta a Germán como seguidor de san Narciso, obispo venerado como patrono de Gerona, y a Paulino como escultor que se negó a tallar imágenes de los dioses paganos destinadas al culto, por lo que fue condenado. Estos relatos forman parte de las tradiciones sobre la primera evangelización de la península, y no pueden comprobarse con certeza.
Su culto, en cambio, es antiguo. Según la tradición, sus reliquias se conservaron en la iglesia de Santa María, extramuros de Gerona, y fueron trasladadas a la catedral en el siglo VIII, en la época de Carlomagno, cuando la ciudad pasó al dominio franco. Allí se veneran junto con las de san Narciso, y su memoria sigue presente en la diócesis de Gerona y en comarcas como el Ampurdán.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.