
Eutiquiano fue obispo de Roma entre los años 275 y 283, sucesor del papa san Félix I. Su pontificado transcurrió en uno de los periodos más tranquilos de la Iglesia antigua: el que separa la persecución de los emperadores Decio y Valeriano, a mediados del siglo III, de la gran persecución de Diocleciano, iniciada en 303. Durante esas décadas las comunidades cristianas pudieron crecer y organizarse con relativa libertad.
Precisamente por esa calma, apenas tenemos noticias de su gobierno. Las fuentes antiguas, como el Liber Pontificalis, le atribuyen algunas disposiciones litúrgicas y la sepultura de numerosos mártires con sus propias manos, e incluso lo presentaban a él mismo como mártir. Sin embargo, no consta ninguna persecución en esos años, y los historiadores consideran que esas noticias son legendarias. Por esa razón el Martirologio Romano actual ya no lo llama mártir.
Murió en Roma en diciembre del año 283 y fue sepultado en la cripta de los papas de las catacumbas de San Calixto, en la vía Apia, donde en el siglo XIX se encontraron fragmentos de su lápida con su nombre en griego. Es uno de los últimos papas enterrados en esa cripta. El Martirologio Romano lo recuerda el 7 de diciembre, aniversario de su sepultura, y otros calendarios el 8.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.