
Severiano Baranyk y Joaquín Senkivskyj fueron dos sacerdotes de la Iglesia greco-católica ucraniana, miembros de la Orden Basiliana de San Josafat, que murieron en la cárcel de Drohobych, en el oeste de Ucrania, en los últimos días de junio de 1941. Ambos vivían en el monasterio basiliano de esa ciudad cuando, tras la ocupación soviética de 1939, la Iglesia católica de rito oriental comenzó a ser perseguida con dureza.
Severiano Baranyk había nacido en 1889; ingresó en la orden basiliana en 1905 y fue ordenado sacerdote en 1915. Tras ejercer su ministerio en otras comunidades, llegó a ser superior del monasterio de Drohobych, y permaneció junto a sus fieles cuando llegaron las tropas soviéticas. Joaquín Senkivskyj había nacido en 1896 cerca de Ternópil; fue ordenado sacerdote en 1921 y después entró en la misma orden, donde se dedicó a la pastoral parroquial y a la enseñanza antes de ser destinado también a Drohobych.
A finales de junio de 1941, con el inicio de la guerra entre Alemania y la Unión Soviética, ambos fueron arrestados por la policía política soviética. Pocos días después, al retirarse las tropas soviéticas de la ciudad, los presos de la cárcel aparecieron asesinados, y entre ellos estaban los dos religiosos, detenidos únicamente por su condición de sacerdotes. Fueron beatificados por Juan Pablo II en Leópolis (Lviv) el 27 de junio de 2001, junto con otros mártires greco-católicos ucranianos del siglo XX.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.