Día 2 de 9
Segundo día — Dejar de discutir
Oración de todos los días
Señor, mi hijo está lejos.
Yo ya he dicho todo lo que tenía que decir.
Habla tú, por donde yo no llego.
Y mientras, cállame la boca
y dame paciencia larga.
Amén.Lectura del día
1 Todas las cosas tienen su tiempo, y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se le ha prescrito. 2 Hay tiempo de nacer y tiempo de morir: tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo que se plantó; 3 tiempo de dar muerte, y tiempo de dar vida: tiempo de derribar, y tiempo de edificar: 4 tiempo de llorar, y tiempo de reír: tiempo de luto, y tiempo de gala: 5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de recogerlas: tiempo de abrazar y tiempo de alejarse de los abrazos: 6 tiempo de ganar, y tiempo de perder: tiempo de conservar, y tiempo de arrojar: 7 tiempo de rasgar, y tiempo de coser: tiempo de callar, y tiempo de hablar:
Meditación del día 2
A santa Mónica le aconsejaron hablar menos con su hijo y más con Dios de él. Le funcionó.
El Eclesiastés repasa los tiempos de la vida: nacer y morir, plantar y arrancar, llorar y reír, abrazar y separarse. Y entre todos ellos hay uno que a los padres nos cuesta especialmente: hay un tiempo para callar y un tiempo para hablar.
Cuando un hijo se aleja, la tentación es repetir lo mismo una y otra vez: los consejos, los reproches, los argumentos. Cada conversación termina en pelea, y la distancia crece. Santa Mónica pasó por eso. En sus Confesiones, san Agustín cuenta que ella le pidió a un obispo que hablara con su hijo, y el obispo le dijo que lo dejara, que rezara por él. Y añadió una frase que ella guardó: no es posible que se pierda el hijo de tantas lágrimas.
Callar no es rendirse ni dejar de querer. Es reconocer que ya dijiste lo que tenías que decir, y que repetirlo solo endurece. Tu hijo sabe lo que piensas. Lo que quizá no sabe es que puedes estar a su lado sin volver a empezar la discusión.
Petición
Cállame cuando insistir solo lo aleje más.
Amén.Oración final
Santa Mónica, que rezaste diecisiete años,
ruega conmigo por mi hijo.Señor, tú conoces el camino de vuelta
mejor que yo.
Tráelo cuando sea su hora.
Amén.
Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.