Día 1 de 9

Primer día — Decir su nombre

  1. Oración de todos los días

    Señor, mi hijo está lejos.

    Yo ya he dicho todo lo que tenía que decir.
    Habla tú, por donde yo no llego.
    Y mientras, cállame la boca
    y dame paciencia larga.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Isaías 49,14-16

    14 Y entonces dijo Sión: El Señor me ha abandonado, y se ha olvidado de mí el Señor. 15 Pues qué, respondió el Señor, ¿puede la mujer olvidarse de su niño, sin que tenga compasión del hijo de sus entrañas? Pero aun cuando ella pudiese olvidarlo, yo nunca podré olvidarme de ti. 16 Mira cómo te llevo yo grabado en mis manos: tus muros los tengo siempre delante de mis ojos.
  3. Meditación del día 1

    Hoy se empieza nombrándolo, y diciendo qué es exactamente lo que duele.

    El pueblo de Israel, desterrado, se queja: el Señor me ha abandonado, se ha olvidado de mí. Y Dios responde con la imagen más fuerte que encuentra: ¿puede una madre olvidarse de su hijo de pecho? Pues aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. Te llevo grabado en mis manos.

    Empezar esta novena diciendo el nombre de tu hijo es reconocer que no lo has olvidado, aunque ya no sepas qué hacer. Puede que no te conteste las llamadas, que viva en otra ciudad o en otro país, que haya dejado la fe, que esté metido en algo que te quita el sueño. Su nombre sigue siendo el mismo que le pusiste.

    Y di también, con palabras precisas, qué te duele. No basta con «que esté bien». ¿Es el silencio? ¿Es la pareja que tiene? ¿Es una adicción? ¿Es que se fue de la Iglesia? ¿Es que te culpa de algo? Nombrar el dolor exacto ayuda a rezar con verdad. Dios ya lo sabe, pero tú necesitas decirlo.

  4. Petición

    Señor, por mi hijo N.
    Tú sabes dónde está y cómo está.
    Amén.

  5. Oración final

    Santa Mónica, que rezaste diecisiete años,
    ruega conmigo por mi hijo.

    Señor, tú conoces el camino de vuelta
    mejor que yo.
    Tráelo cuando sea su hora.
    Amén.

Mañana toca el día 2. Vuelve a esta hora.