Día 7 de 9

Séptimo día — La esperanza

  1. Oración de todos los días

    Dale, Señor, el descanso eterno,
    y brille para él la luz perpetua.
    Descanse en paz.

    Señor, recibe a N. en tu casa.
    Perdónale lo que fuera suyo,
    págale el bien que hizo y que no vimos,
    y danos a nosotros el consuelo que hoy nos falta.
    Amén.

  2. Lectura del día

    1 Tesalonicenses 4,13-18

    13 En orden a los difuntos, no queremos, hermanos, dejaros en ignorancia, porque no os entristezcáis, del modo que suelen los demás hombres, que no tienen la esperanza de la vida eterna, 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, también debemos creer que Dios resucitará, y llevará con Jesús a la gloria, a los que hayan muerto en la fe y amor de Jesús. 15 Por lo cual os decimos sobre la palabra del Señor, que nosotros los vivientes, o los que quedáremos hasta la venida del Señor, no cogeremos la delantera a los que ya murieron antes. 16 Por cuanto el mismo Señor, a la intimación, y a la voz del arcángel, y al sonido de la trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los que murieron en Cristo, resucitarán los primeros. 17 Después, nosotros los vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados, juntamente con ellos, sobre nubes al encuentro de Cristo en el aire, y así estaremos con el Señor eternamente. 18 Consolaos, pues, los unos a los otros con estas verdades.
  3. Meditación del día 7

    Lo que sostiene esto no es que el tiempo cure, sino que la muerte no es el final. Si eso es verdad, la despedida es larga pero no definitiva.

    Pablo no les dice a los de Tesalónica que no estén tristes. Les dice que no se entristezcan «como los que no tienen esperanza». La pena es la misma; lo que cambia es hacia dónde mira. Y da el motivo con una lógica sencilla: si Jesús murió y resucitó, a los que murieron en él Dios los llevará con él.

    En los velorios esta esperanza se dice tantas veces que acaba sonando a fórmula, a eso que se pone en la tarjeta del pésame. Para que no se gaste hay que tomarla en serio: significa que vas a volver a ver a N., con su cara y su voz, no un recuerdo difuso. Significa que la muerte es una separación real pero no la última palabra. No hace que hoy duela menos, pero da otro horizonte al dolor. Pablo termina con una instrucción concreta: «Consolaos los unos a los otros con estas verdades». La esperanza no se guarda para uno; se dice en voz alta en la cocina, al que está peor.

  4. Petición

    Señor, tú resucitaste y prometiste lo mismo para los tuyos.
    No dejes que esta esperanza se nos vuelva una frase de velorio.
    Dánosla de verdad.
    Amén.

  5. Oración final

    Dale, Señor, el descanso eterno,
    y brille para él la luz perpetua.
    Descanse en paz. Amén.

    Padre Nuestro, Ave María y Gloria por su alma.

    Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…
    (la Salve, como en los funerales)

Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.