Día 5 de 9

Quinto día — La fe puesta a prueba

  1. Oración de todos los días

    Dale, Señor, el descanso eterno,
    y brille para él la luz perpetua.
    Descanse en paz.

    Señor, recibe a N. en tu casa.
    Perdónale lo que fuera suyo,
    págale el bien que hizo y que no vimos,
    y danos a nosotros el consuelo que hoy nos falta.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Job 7,11-16

    11 Por lo tanto, daré libertad a mi lengua para lamentarse; hablaré de las angustias de mi espíritu; discurriré acerca de las amarguras de mi alma, 12 y diré al Señor: ¿Soy yo acaso un mar embravecido, o alguna ballena o monstruo, para que me tengas encerrado como en una cárcel? 13 Si yo digo: Puesto en mi lecho hallaré consuelo, y experimentaré alivio en mi cama, hablando y discurriendo conmigo mismo; 14 Tú me aterrarás con sueños espantosos, y me harás estremecer con horribles visiones. 15 Por cuya causa mi alma quisiera más un patíbulo, y cualquiera muerte o paradero mis huesos. 16 Perdí las esperanzas de poder vivir más; ten lástima de mí, Señor, ya que mis días son nada.
  3. Meditación del día 5

    A mitad del novenario suele llegar el enfado: con Dios, con los médicos, con uno mismo.

    Decírselo a Dios es mejor oración que fingir serenidad.

    Job no se calla: «Daré libertad a mi lengua para lamentarse; hablaré de las angustias de mi espíritu». Le pregunta a Dios si es un mar embravecido o un monstruo para tenerlo encerrado como en una cárcel, le dice que ni en la cama encuentra descanso porque las pesadillas lo persiguen. Y ese libro está en la Biblia. La Iglesia lo ha leído durante siglos como palabra de Dios, con todas sus quejas dentro.

    Si a estas alturas del novenario estás enfadado, no eres un mal creyente. Puede que estés furioso con el médico que tardó, con el hermano que no vino, con el difunto por no haberse cuidado, contigo por no haberlo visto venir. Y puede que estés furioso con Dios. Dilo. Lo que mata la fe no es el enfado dicho a la cara, sino el silencio educado que se va enfriando hasta que un día ya no rezas. Job discute con Dios porque sigue creyendo que hay alguien al otro lado. Si te cuesta hablar, empieza por las palabras de Job: también sirven como oración.

  4. Petición

    Señor, estoy enfadado y no lo entiendo.
    Aguanta mi enfado, que no tengo a quién más contárselo.
    No me dejes perderte a ti además de a N.
    Amén.

  5. Oración final

    Dale, Señor, el descanso eterno,
    y brille para él la luz perpetua.
    Descanse en paz. Amén.

    Padre Nuestro, Ave María y Gloria por su alma.

    Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…
    (la Salve, como en los funerales)

Mañana toca el día 6. Vuelve a esta hora.