Día 5 de 9
Quinto día — No había lugar
Oración de todos los días
Benignísimo Dios de infinita caridad,
que tanto amaste a los hombres
que les diste en tu Hijo la prenda de tu amor:
te damos gracias por ese beneficio inmenso.Dígnate, Señor, disponer nuestros corazones
para recibir en ellos al que viene a nacer.Ven, Salvador nuestro, no tardes;
ven a esta casa, que te espera.
Amén.Lectura del día
9 El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo el hombre que viene a este mundo. 10 En el mundo estaba y el mundo fue por Él hecho, y con todo, el mundo no le conoció. 11 Vino a su propia casa, y los suyos no le recibieron. 12 Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, dioles poder de llegar a ser hijos de Dios: 13 los cuales no nacen de la sangre, ni de la concupiscencia de la carne, ni de querer de varón, sino que nacen de Dios por la gracia. 14 Y para eso el Verbo se hizo carne, y habitó en medio de nosotros: y nosotros hemos visto su gloria, gloria cual el unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Meditación del día 5
La frase más dura del relato no es la del frío: es que no había lugar para ellos. Una puerta tras otra que no se abre.
Esta noche conviene preguntarse a quién no le hemos abierto nosotros.
Lucas cuenta la escena del mesón; Juan la resume en una frase que duele más: «vino a su propia casa, y los suyos no le recibieron». No fueron unos extraños los que cerraron la puerta, fueron los de casa. Pasa en las familias: el hermano que se quedó sin trabajo y ya no recibe invitaciones, la hija que se separó y ahora incomoda en las reuniones, el primo que salió de la cárcel y del que se habla en voz baja.
Pero el pasaje no se queda en el rechazo. A los que sí le recibieron, dice, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios. La puerta que se abre importa tanto como la que se cerró.
Esta noche no hace falta resolver todos los problemas de la familia. Basta con una pregunta honesta: ¿a quién no vamos a invitar el 24, y por qué? A veces hay razones serias, como un maltrato que no se debe tapar ni obligar a nadie a perdonar en la cena. Muchas otras veces es solo comodidad, orgullo o el qué dirán. Esas se pueden cambiar con una llamada.
Petición
Niño Jesús, que no encontraste posada:
danos sitio en el corazón para el que estorba,
y valor para abrir la puerta de esta casa
a quien esta Navidad no tiene dónde ir.
Amén.Oración final
Dulce Jesús mío, mi niño adorado,
ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.Oh sapientísimo Verbo del Padre,
ven a enseñarnos la prudencia.
Oh Emmanuel, Dios con nosotros,
ven a estar con nosotros.Y tú, Virgen María, y tú, san José,
rogad por esta casa
que os espera cada diciembre.
Amén.
Mañana toca el día 6. Vuelve a esta hora.