Día 3 de 9

Tercer día — José, el que se quedó

  1. Oración de todos los días

    Benignísimo Dios de infinita caridad,
    que tanto amaste a los hombres
    que les diste en tu Hijo la prenda de tu amor:
    te damos gracias por ese beneficio inmenso.

    Dígnate, Señor, disponer nuestros corazones
    para recibir en ellos al que viene a nacer.

    Ven, Salvador nuestro, no tardes;
    ven a esta casa, que te espera.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Mateo 1,18-24

    18 Y el nacimiento de Cristo fue de esta manera: Estando desposada su Madre, María, con José, antes que hubiesen vivido juntos, se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. 19 Mas José, su esposo, siendo, como era, justo, y no queriendo denunciarla, deliberó dejarla secretamente. 20 Estando él en este pensamiento, he aquí que un ángel del Señor se le apareció en sueños, diciendo: José, hijo de David, no tengas recelo en recibir a María, tu esposa, en tu casa: porque lo que se ha engendrado en su vientre es obra del Espíritu Santo. 21 Así que dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre JESUS: pues Él es el que ha de salvar a su pueblo o librarle de sus pecados. 22 Todo lo cual se hizo en cumplimiento de lo que prenunció el Señor por el profeta, que dice: 23 Sabed que una virgen concebirá y dará a luz un hijo: a quien pondrán por nombre Emmanuel, que traducido, significa: ¡Dios con nosotros! 24 Con eso José, al despertarse, hizo lo que le mandó el ángel del Señor, y recibió a su esposa.
  3. Meditación del día 3

    José tuvo motivos para irse y se quedó. No dijo una palabra en todo el Evangelio: lo suyo fue estar, trabajar y callar a tiempo.

    Muchas casas se sostienen por alguien así, que nadie nombra.

    Mateo dice que José era «justo» y que por eso pensaba dejar a María en secreto. La ley le permitía denunciarla en público; él buscó la salida que menos la dañara. Ya antes del sueño era un hombre decente. El ángel no le cambió el carácter: le pidió que fuera un paso más allá y se quedara.

    Y se quedó sin pedir garantías. «Al despertarse, hizo lo que le mandó el ángel.» No hay discurso, ni condiciones, ni escena. Toda su respuesta cabe en un gesto: recibió a su esposa en su casa. Desde entonces le tocó lo menos vistoso de la historia: buscar posada, huir a Egipto con un recién nacido, volver y empezar de nuevo en Nazaret, enseñar un oficio.

    Piensa en quién hace eso en tu familia. El que trabaja dos turnos, la abuela que cuida a los nietos para que la hija pueda trabajar, el tío que siempre presta para la matrícula. Esta noche nómbralos. Y si eres tú quien sostiene sin que se note, no te amargues por la falta de aplausos: José tampoco los tuvo, y la casa de Nazaret se mantuvo en pie gracias a él.

  4. Petición

    San José, patrono de las familias:
    que en esta casa haya alguien que se quede
    cuando lo fácil sea marcharse.
    Bendice a los que trabajan por nosotros sin que se les dé las gracias.
    Amén.

  5. Oración final

    Dulce Jesús mío, mi niño adorado,
    ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

    Oh sapientísimo Verbo del Padre,
    ven a enseñarnos la prudencia.
    Oh Emmanuel, Dios con nosotros,
    ven a estar con nosotros.

    Y tú, Virgen María, y tú, san José,
    rogad por esta casa
    que os espera cada diciembre.
    Amén.

Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.