Día 2 de 9

Segundo día — La lamparita del sagrario

  1. Oración de todos los días

    Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar.

    Señor, estás ahí y yo casi nunca me acuerdo.
    Aquí estoy un rato.
    No traigo nada preparado: mírame tú.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Levítico 24,2-4

    2 Manda a los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas, el más puro y clarificado, para arder continuamente las lámparas, 3 fuera del velo del Arca del Testamento colocado en el Tabernáculo de la alianza. Y las colocará Aarón, para que ardan toda la noche desde la tarde hasta la mañana, delante del Señor: ceremonia que se observará con rito perpetuo por toda vuestra posteridad. 4 Estarán siempre colocadas sobre el candelera tersísimo, delante del Señor.
  3. Meditación del día 2

    Una luz pequeña encendida día y noche en miles de iglesias vacías. Alguien velando siempre.

    En el Levítico, Dios manda que en el santuario ardan las lámparas con aceite de oliva puro, desde la tarde hasta la mañana, todas las noches, «con rito perpetuo». De esa costumbre viene la lamparita que sigue encendida junto a cada sagrario católico del mundo, aunque la iglesia esté vacía y nadie la vea.

    Esa luz no hace nada espectacular. Solo indica que hay Alguien, y que alguien se ocupa de que no se apague. Detrás hay un sacristán que cambia la vela, una señora que trae el aceite, un párroco que no deja que se olvide. Son fidelidades muy pequeñas que, sumadas, mantienen viva una presencia durante siglos.

    En tu vida también hay luces que se sostienen con esfuerzo discreto: la oración de la mañana, la misa del domingo, el rato de silencio antes de dormir. Se apagan con facilidad cuando llega el cansancio o una mala temporada. No pasa nada si se apagaron; lo que importa es volver a encenderlas. Hoy elige una sola y cuídala como se cuida esa lámpara: todos los días, aunque nadie lo note.

  4. Petición

    Que en mi vida quede siempre una luz encendida para ti.
    Amén.

  5. Oración final

    Alma de Cristo, santifícame.
    Cuerpo de Cristo, sálvame.
    Sangre de Cristo, embriágame.

    Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar,
    y la Virgen María concebida sin pecado original.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.