Día 3 de 9

Tercer día — El costado abierto

  1. Oración de todos los días

    Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

    Corazón de Jesús, manso y humilde,
    haz mi corazón semejante al tuyo.

    Tú que no te retiraste cuando amar te costó la vida:
    enséñame a querer así a los míos.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Juan 19,31-37

    31 Como era día de preparación, o viernes, para que los cuerpos no quedasen en la cruz el sábado (que cabalmente era aquel un sábado muy solemne), suplicaron los judíos a Pilato que se les quebrasen las piernas a los crucificados, y los quitasen de allí. 32 Vinieron, pues, los soldados, y rompieron las piernas del primero, y del otro que había sido crucificado con Él. 33 Mas al llegar a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, 34 sino que uno de los soldados con la lanza le abrió el costado, y al instante salió sangre y agua. 35 Y quien lo vio, es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero. Y él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis. 36 Pues estas cosas sucedieron en cumplimiento de la Escritura: No le quebraréis ni un hueso. 37 Y del otro lugar de la Escritura que dice: Dirigirá sus ojos hacia Aquel a quien traspasaron. Sepultura de Jesús
  3. Meditación del día 3

    La lanza llegó cuando ya estaba muerto: un amor que sigue dando cuando ya no puede recibir nada a cambio.

    Juan cuenta un detalle que ningún otro evangelio recoge: el soldado no rompió las piernas de Jesús porque ya estaba muerto, pero le abrió el costado, y salió sangre y agua. Y el evangelista insiste en que lo vio, como quien sabe que va a costar creerle.

    La tradición cristiana leyó en ese costado abierto el origen de los sacramentos y de la Iglesia. Pero también se puede leer más cerca de casa: el amor de verdad sigue dando cuando el otro ya no puede devolver nada. Así se cuida a una madre con alzhéimer que no reconoce a quien la baña, o a un hijo con una discapacidad que no va a dar las gracias como esperarías.

    En casa se dan muchas cosas sin testigos: la ropa lavada, la cena hecha, la cuenta pagada a tiempo. Nadie aplaude y a veces nadie se entera. Eso no las hace menos valiosas. Ahora bien, dar sin cobrar no significa dejarse explotar: si siempre das tú y los demás solo reciben, también toca decirlo en voz alta.

  4. Petición

    Enséñame a dar sin cobrar,
    sobre todo en casa, donde nadie aplaude.
    Amén.

  5. Oración final

    Corazón Sagrado de Jesús, en vos confío.
    Corazón Sagrado de Jesús, creo en vuestro amor por mí.
    Corazón Sagrado de Jesús, venga a nosotros vuestro reino.

    Dulce Corazón de María, sed la salvación mía.
    Amén.

Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.