Día 3 de 9

Tercer día — Al respirar

  1. Oración de todos los días

    Señor Jesucristo, Hijo de Dios,
    ten piedad de mí.

    (Se repite despacio, al ritmo de la respiración,
    el tiempo que se quiera.)

  2. Lectura del día

    Lucas 18,35-42

    35 Y al acercarse a Jericó, estaba un ciego sentado a la orilla del camino pidiendo limosna, 36 Y sintiendo el tropel de la gente que pasaba, preguntó qué novedad era aquélla, 37 Dijéronle que Jesús Nazareno pasaba por allí de camino. 38 Y se puso a gritar: Jesús, hijo de David, ten piedad de mí. 39 Los que iban delante le reprendían para que callase. Pero él levantaba mucho más el grito: Hijo de David, ten piedad de mí. 40 Paróse entonces Jesús, y mandó traerle a su presencia. Y cuando le tuvo ya cerca, preguntóle, 41 diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Señor, respondió él, que yo tenga vista. 42 Díjole Jesús: Tenia; tu fe te ha salvado.
  3. Meditación del día 3

    Se reza al inhalar y exhalar: Señor Jesucristo... ten piedad de mí. Se puede hacer andando o en la cama.

    Un ciego pide limosna a la salida de Jericó. Oye a la gente, pregunta qué pasa y le dicen que pasa Jesús de Nazaret. Entonces grita: «Jesús, hijo de David, ten piedad de mí». Lo mandan callar y grita más fuerte. Es una oración corta, insistente, de alguien que no tiene otra cosa.

    De oraciones así nació la que reza la Iglesia de Oriente: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí». Los que la practican la acompasan con la respiración: la primera parte al tomar aire, la segunda al soltarlo. Se puede rezar caminando, en la cola del supermercado, en una cama de hospital, a las cuatro de la mañana cuando no se puede dormir. Es una oración para cuando ya no tienes fuerzas para más, y por eso es muy útil para los enfermos, los agotados, los que cuidan a alguien día y noche. No hace falta concentración especial. Basta con respirar y volver al nombre una y otra vez.

  4. Petición

    Que mi respiración sea oración
    cuando no tenga fuerzas para más.
    Amén.

  5. Oración final

    Jesús, José y María,
    os doy el corazón y el alma mía.

    Señor Jesucristo, Hijo de Dios,
    ten piedad de mí.

    Bendito sea el Nombre de Jesús.
    Amén.

Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.