Día 2 de 9
Segundo día — El don de sabiduría
Oración de todos los días
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.Envía tu Espíritu y todo será creado,
y renovarás la faz de la tierra.
Amén.Lectura del día
7 Por esto deseé yo la inteligencia, y me fue concedida; e invoqué del Señor el espíritu de sabiduría, y se me dio. 8 Y la preferí a los reinos y tronos, y en su comparación tuve por nada las riquezas, 9 ni parangoné con ella las piedras preciosas: porque todo el oro, respecto de ella, no es más que una menuda arena, y a su vista la plata será tenida por lodo. 10 La amé más que la salud y la hermosura; y propuse tenerla por luz y norte, porque su resplandor es inextinguible. 11 Todos los bienes me vinieron juntamente con ella, y he recibido por su medio innumerables riquezas.
Meditación del día 2
Sabiduría no es saber mucho: es saber a qué sabe la vida, poner cada cosa en su sitio y no confundir lo urgente con lo importante.
El que habla en este libro se presenta como un rey, alguien que podía tenerlo todo, y dice que pidió otra cosa. Puso la sabiduría por encima del oro, de la salud y de la belleza. No porque esas cosas sean malas, sino porque sin un criterio para ordenarlas acaban mandando ellas.
Esa es la sabiduría que se pide hoy: no un título ni más información, sino gusto por lo que vale. Se nota en cosas muy pequeñas. En si llegas a casa con energía para tus hijos o la gastaste entera en una discusión de trabajo que dentro de un mes nadie recordará. En si el teléfono decide de qué hablas en la mesa. En si sabes a qué dices que sí y a qué dices que no.
El texto termina diciendo que con ella le vinieron todos los bienes. No es una promesa de riqueza: es que cuando cada cosa ocupa su sitio, lo que ya tienes empieza a rendir. Mucha gente vive con suficiente y se siente pobre porque nunca puso orden en lo que quiere.
Petición
Dame sabiduría, Señor:
que le tome gusto a lo que vale
y se me quite el gusto a lo que me destruye.
Amén.Oración final
Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles;
llena de la divina gracia los corazones
que tú mismo has creado.Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles
con la luz del Espíritu Santo:
haz que sintamos siempre en él nuestro consuelo
y gocemos de su gracia.
Amén.
Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.