Día 4 de 9

Cuarto día — Por la salud

  1. Oración de todos los días

    Divino Niño Jesús,
    tú que dijiste: pedid y se os dará:
    aquí estoy con lo que necesito.

    No vengo a comprarte nada.
    Vengo como vienen los niños,
    seguro de que me quieres
    y de que sabes mejor que yo lo que me conviene.

    Divino Niño, yo confío en ti.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Marcos 5,25-34

    25 En esto, una mujer que padecía flujo de sangre doce años hacía, 26 y había sufrido mucho en manos de varios médicos, y gastado toda su hacienda sin el menor alivio, antes lo pasaba peor: 27 oída la fama de Jesús, se llegó por detrás entre la muchedumbre de gente y tocó su ropa, 28 diciendo para consigo: Como llegue a tocar su vestido, sanaré. 29 En efecto, de repente, aquel manantial de sangre se le secó: y percibió en su cuerpo que estaba ya curada de su enfermedad. 30 Al mismo tiempo Jesús, conociendo la virtud que había salido de Él, vuelto a los circunstantes, decía: ¿Quién ha tocado mi vestido? 31 A lo que respondieron los discípulos: Estás viendo la gente que te comprime por todos lados, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32 Mas Jesús proseguía mirando a todos lados, para distinguir la persona que había hecho esto. 33 Entonces la mujer, sabiendo lo que había experimentado en sí misma, medrosa y temblando, se acercó, y postrándose a sus pies le confesó toda la verdad, 34 Él entonces le dijo: Hija, tu fe te ha curado: vete en paz, y queda libre de tu mal. La hija de Jairo
  3. Meditación del día 4

    Miles de exvotos cuentan curaciones. Se pide salud sabiendo que no siempre se concede, y que el amor de Dios no se mide por eso.

    Doce años de enfermedad, y el evangelista anota un detalle que cualquiera que haya pasado por el sistema de salud reconoce: había gastado todo lo que tenía en médicos y estaba peor. No es un adorno del relato. Es la vida de mucha gente que reza esta novena, entre autorizaciones, filas y medicamentos que no llegan.

    La mujer no pide permiso. Se mete entre la gente y toca el manto, casi a escondidas, porque su enfermedad la volvía impura y no debía estar ahí. Jesús no la regaña: la busca con la mirada, la deja contar toda su historia y la llama «hija». Antes que el cuerpo, le devuelve el lugar entre los demás.

    Los exvotos del santuario cuentan curaciones, y es bueno agradecerlas. Pero conviene decirlo claro: quien no sana no tiene menos fe ni es menos querido. Lo que esta lectura asegura a todos, sanen o no, es que el enfermo no es invisible para Dios y que nadie debería quedarse sin alguien que lo mire y lo escuche entero.

  4. Petición

    Sana a los enfermos de esta casa:
    (dilos por su nombre).
    Y si no los sanas, no los dejes solos.
    Amén.

  5. Oración final

    Divino Niño Jesús,
    bendice a esta familia, a esta casa y a este trabajo.

    Salva a los enfermos, consuela a los tristes,
    da pan a los que no tienen
    y abre camino a los que no lo ven.

    Yo confío en ti.
    Amén.

Mañana toca el día 5. Vuelve a esta hora.