Día 4 de 9
Cuarto día — Por la salud
Oración de todos los días
Divino Niño Jesús,
tú que dijiste: pedid y se os dará:
aquí estoy con lo que necesito.No vengo a comprarte nada.
Vengo como vienen los niños,
seguro de que me quieres
y de que sabes mejor que yo lo que me conviene.Divino Niño, yo confío en ti.
Amén.Lectura del día
25 En esto, una mujer que padecía flujo de sangre doce años hacía, 26 y había sufrido mucho en manos de varios médicos, y gastado toda su hacienda sin el menor alivio, antes lo pasaba peor: 27 oída la fama de Jesús, se llegó por detrás entre la muchedumbre de gente y tocó su ropa, 28 diciendo para consigo: Como llegue a tocar su vestido, sanaré. 29 En efecto, de repente, aquel manantial de sangre se le secó: y percibió en su cuerpo que estaba ya curada de su enfermedad. 30 Al mismo tiempo Jesús, conociendo la virtud que había salido de Él, vuelto a los circunstantes, decía: ¿Quién ha tocado mi vestido? 31 A lo que respondieron los discípulos: Estás viendo la gente que te comprime por todos lados, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32 Mas Jesús proseguía mirando a todos lados, para distinguir la persona que había hecho esto. 33 Entonces la mujer, sabiendo lo que había experimentado en sí misma, medrosa y temblando, se acercó, y postrándose a sus pies le confesó toda la verdad, 34 Él entonces le dijo: Hija, tu fe te ha curado: vete en paz, y queda libre de tu mal. La hija de Jairo
Meditación del día 4
Miles de exvotos cuentan curaciones. Se pide salud sabiendo que no siempre se concede, y que el amor de Dios no se mide por eso.
Doce años de enfermedad, y el evangelista anota un detalle que cualquiera que haya pasado por el sistema de salud reconoce: había gastado todo lo que tenía en médicos y estaba peor. No es un adorno del relato. Es la vida de mucha gente que reza esta novena, entre autorizaciones, filas y medicamentos que no llegan.
La mujer no pide permiso. Se mete entre la gente y toca el manto, casi a escondidas, porque su enfermedad la volvía impura y no debía estar ahí. Jesús no la regaña: la busca con la mirada, la deja contar toda su historia y la llama «hija». Antes que el cuerpo, le devuelve el lugar entre los demás.
Los exvotos del santuario cuentan curaciones, y es bueno agradecerlas. Pero conviene decirlo claro: quien no sana no tiene menos fe ni es menos querido. Lo que esta lectura asegura a todos, sanen o no, es que el enfermo no es invisible para Dios y que nadie debería quedarse sin alguien que lo mire y lo escuche entero.
Petición
Sana a los enfermos de esta casa:
(dilos por su nombre).
Y si no los sanas, no los dejes solos.
Amén.Oración final
Divino Niño Jesús,
bendice a esta familia, a esta casa y a este trabajo.Salva a los enfermos, consuela a los tristes,
da pan a los que no tienen
y abre camino a los que no lo ven.Yo confío en ti.
Amén.
Mañana toca el día 5. Vuelve a esta hora.