Marcos 5

1 Llegaron después al otro lado del lago, territorio de los gerasenos.

2 Apenas desembarcado, le salió al encuentro un energúmeno salido de los sepulcros, Significado Fueron dos los energúmenos (Mt. 8, 28); pero San Marcos y San Lucas hablan sólo de uno más furioso y más célebre. (San Agustín.) Mt. 9, 18-22 Mt. 9, 23-26 Mt. 13, 53-58

3 el cual tenía su morada en ellos, y no había hombre que pudiese refrenarle, ni aun con cadenas:

4 pues muchas veces, aherrojado con grillos y cadenas, había roto las cadenas y despedazado los grillos, sin que nadie pudiese domarle:

5 y andaba siempre, día y noche, por los sepulcros y por los montes, gritando y sajándose con piedras.

6 Éste, pues, viendo de lejos a Jesús, corrió a Él, y le adoró:

7 y clamando en alta voz, dijo: SAN MARCOS ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, hijo del Altísimo Dios? En nombre del mismo Dios te conjuro que no me atormentes.

8 Y es que Jesús le decía: Sal, espíritu inmundo, de ese hombre.

9 Y pregúntale Jesús: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Mi nombre es Legión porque somos muchos.

10 Y suplicábale con ahinco que no le echase de aquel país.

11 Estaba paciendo en la falda del monte vecino una gran piara de cerdos.

12 Y los espíritus le rogaban, diciendo: Envíanos a los cerdos, para que vayamos y estemos dentro de ellos.

13 Y Jesús se lo permitió al instante. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y con gran furia toda la piara, en que se contaban al pie de dos mil, corrió a precipitarse en el mar, en donde se anegaron.

14 Los que los guardaban huyeron, y trajeron las nuevas a la ciudad y a las alquerías. Las gentes salieron a ver lo acontecido:

15 y llegando adonde estaba Jesús, ven al que antes era atormentado del demonio, sentado, vestido y en su sano juicio: y quedaron espantados.

16 Los que se habían hallado presentes les contaron lo que había sucedido al endemoniado y el azar de los cerdos.

17 Y comenzaron a rogarle que se retirase de sus términos.

18 Y al ir Jesús a embarcarse, se puso a suplicarle el que había sido atormentado del demonio que le admitiese en su compañía:

19 mas Jesús no le admitió, sino que le dijo: Vete a tu casa y con tus parientes, y anuncia a los tuyos la gran merced que te ha hecho el Señor y la misericordia que ha usado contigo.

20 Fuese aquel hombre, y empezó a publicar por Decápoli cuantos beneficios había recibido de Jesús: y todos quedaban pasmados. La hemorroisa

21 Habiendo pasado Jesús otra vez con el barco a la opuesta orilla, concurrió gran muchedumbre de gente a su encuentro; y estando todavía en la ribera del mar,

22 vino en busca de Él uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, el cual, luego que le vio, se arrojó a sus pies,

23 y con muchas instancias le hacía esta súplica: Mi hija está en las últimas: ven y pon sobre ella tu mano para que sane y viva.

24 Fuese Jesús con él, y en su seguimiento mucho tropel de gente, que le apretaba.

25 En esto, una mujer que padecía flujo de sangre doce años hacía,

26 y había sufrido mucho en manos de varios médicos, y gastado toda su hacienda sin el menor alivio, antes lo pasaba peor:

27 oída la fama de Jesús, se llegó por detrás entre la muchedumbre de gente y tocó su ropa,

28 diciendo para consigo: Como llegue a tocar su vestido, sanaré.

29 En efecto, de repente, aquel manantial de sangre se le secó: y percibió en su cuerpo que estaba ya curada de su enfermedad.

30 Al mismo tiempo Jesús, conociendo la virtud que había salido de Él, vuelto a los circunstantes, decía: ¿Quién ha tocado mi vestido?

31 A lo que respondieron los discípulos: Estás viendo la gente que te comprime por todos lados, y dices: ¿Quién me ha tocado?

32 Mas Jesús proseguía mirando a todos lados, para distinguir la persona que había hecho esto.

33 Entonces la mujer, sabiendo lo que había experimentado en sí misma, medrosa y temblando, se acercó, y postrándose a sus pies le confesó toda la verdad,

34 Él entonces le dijo: Hija, tu fe te ha curado: vete en paz, y queda libre de tu mal. La hija de Jairo

35 Estando aún hablando, llegaron de casa del jefe de la sinagoga a decirle a éste: Murió tu hija: ¿para qué cansar ya al Maestro?

36 Mas Jesús, oyendo lo que decían, dijo al jefe de la sinagoga: No temas: ten fe solamente.

37 Y no permitió que le siguiese ninguno, fuera de Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

38 Llegados que fueron a casa del jefe de la sinagoga, ve la confusión y los grandes lloros y alaridos de aquella gente.

39 Y entrando, les dice: ¿De qué os afligís tanto y lloráis? La muchacha no está muerta, sino dormida.

40 Y se burlaban de Él. Pero Jesús, haciéndoles salir a todos fuera, tomó consigo al padre y a la madre de la muchacha, y a los tres discípulos que estaban con Él, y entró adonde la muchacha yacía.

41 Y tomándola de la mano, le dice: Talita cumi (es decir: Muchacha, levántate, Yo te lo mando).

42 Inmediatamente se puso en pie la muchacha y echó a andar, pues tenía ya doce años: con lo que quedaron poseídos del mayor asombro.

43 Pero Jesús les mandó muy estrechamente que procuraran que nadie lo supiera: y díjoles que diesen de comer a la muchacha. Incredulidad de los nazaretanos

Toca ✦ junto a un versículo para leer su significado (notas de la edición de Torres Amat).