Día 3 de 9
Tercer día — Guardar
Oración de todos los días
Ángel de Dios,
que eres mi custodio,
pues la bondad divina me ha encomendado a ti:
ilumíname, guárdame, defiéndeme y gobiérname.
Amén.Lectura del día
9 Tú lo estarás contemplando con tus propios ojos, y verás el pago que se da a los pecadores, y exclamarás: 10 ¡Oh, y cómo eres tú, oh Señor, mi esperanza! Tú, ¡oh justo!, has escogido al Altísimo para asilo tuyo. 11 No llegará a ti el mal, ni el azote se acercará a tu morada. 12 Porque él mandó a sus ángeles que cuidasen de ti, los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres. 13 Te llevarán en las palmas de sus manos; no sea que tropiece tu pie en alguna piedra.
Meditación del día 3
Guardar no es evitar todo golpe; es no dejar solo al que lo recibe.
Este es el salmo que cita el diablo en el desierto para tentar a Jesús: Dios ha mandado a sus ángeles que te guarden en tus caminos, te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en la piedra. Jesús responde que no hay que tentar a Dios. La protección no es una invitación a lanzarse al vacío.
Guardar no significa que nunca te pasará nada malo. Muchos creyentes buenos han sufrido accidentes, enfermedades y pérdidas, y eso no quiere decir que su ángel se descuidara. La fe no funciona como una póliza de seguro. Lo que promete esta devoción es que, cuando llega el golpe, nadie lo recibe solo.
Por eso pedir que te guarden incluye ser prudente: no conducir con alcohol, ponerse el cinturón, no exponerse a riesgos innecesarios. Y también incluye a los tuyos. Hoy nombra a cada persona de tu casa y pide que la guarden en lo que vaya a vivir: el hijo que sale de noche, el padre que conduce un camión, la hermana que trabaja en un hospital.
Petición
Guárdame y guarda a los míos hoy.
Amén.Oración final
Ángel de la guarda,
dulce compañía,
no me desampares
ni de noche ni de día.Santos ángeles custodios,
rogad por nosotros.
Amén.
Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.