Día 2 de 9
Segundo día — La queja
Oración de todos los días
Santa Marta,
que servías y también creías:bendice el trabajo de mi casa,
y quítame la agitación con que lo hago.
Que sirva sin pasar factura.
Amén.Lectura del día
2 Alcé mi voz para clamar al Señor; al Señor dirigí los clamores de mi plegaria. 3 Derramo en su presencia mi oración, y le represento la extrema tribulación mía. 4 Está ya para desfallecer mi espíritu; y tú, Señor, conoces bien el recto proceder mío. En este camino, por donde yo andaba, me tendieron ocultos lazos, 5 Pensativo miraba si se ponía alguno a mi derecha para defenderme; pero nadie dio a entender que me conociese. Hálleme sin poder huir; y sin nadie que mirase por mi vida. 6 Clamé a ti, ¡oh Señor!, diciendo: Tú eres la única esperanza mía, mi porción en la dichosa tierra de los vivientes.
Meditación del día 2
Se quejó en voz alta, y a Dios se le puede hablar así.
«Derramo en su presencia mi oración, y le represento la extrema tribulación mía.» El salmista no se anda con rodeos. Le dice a Dios que su espíritu está a punto de desfallecer, que le han tendido lazos, que mira a su derecha y nadie da la cara por él. Es una queja en toda regla, sin fórmulas que la suavicen.
Marta hace lo mismo en Betania. Se planta delante de Jesús y le pregunta si no le importa que su hermana la haya dejado sola con todo. Es la pregunta que muchas mujeres podrían hacer en su casa, y ella la hace en voz alta, con invitados delante. Jesús no la regaña por quejarse. Le contesta.
Hay una espiritualidad mal entendida que enseña a no quejarse nunca, a sonreír y aguantar. Eso no es santidad; es fingir delante de Dios, que prefiere tu queja sincera a tu silencio resentido. Dile hoy con claridad lo que te pesa: el reparto injusto de las tareas, el cansancio de cuidar a un enfermo, la sensación de que nadie ve lo que haces. Y si la queja va dirigida a alguien de tu familia, quizá también toca decírsela a esa persona.
Petición
Déjame quejarme delante de ti sin fingir.
Amén.Oración final
Santa Marta de Betania,
que recibiste al Señor en tu casa
y creíste delante de la tumba de tu hermano:
ruega por nuestras casas,
por los que sirven en ellas
y por nuestra fe cuando parece tarde.
Amén.
Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.