Día 4 de 9

Cuarto día — Por los enfermos contagiosos

  1. Oración de todos los días

    San Roque, peregrino,
    que cuidaste a los contagiados y te contagiaste:
    guarda a los que cuidan enfermos.

    Líbranos de la peste,
    y si llega, danos generosidad y no pánico.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Marcos 1,40-45

    40 Vino también a Él un leproso a pedirle favor; e hincándose de rodillas le dijo: Si Tú quieres, puedes curarme. 41 Jesús, compadeciéndose de él, extendió la mano, y tocándole, le dice: Quiero; sé curado. 42 Y acabando de decir esto, al instante desapareció de él la lepra, y quedó curado. 43 Y Jesús le despachó luego, conminándole 44 y diciéndole: Mira, que no lo digas a nadie: mas ve, y preséntate al príncipe de los sacerdotes, y ofrece por tu curación lo que tiene Moisés ordenado, para que esto te sirva de testimonio. 45 Mas aquel hombre, así que se fue, comenzó a hablar de su curación y a publicarlo por todas partes, de modo que ya no podía Jesús entrar manifiestamente en la ciudad, sino que andaba fuera, por lugares solitarios, y las gentes acudían a Él de todas partes. Cura a un paralítico
  3. Meditación del día 4

    Ser enfermo y además temido es doble carga: pasó con la lepra, con el sida, con otras.

    Un leproso se arrodilla delante de Jesús: «si Tú quieres, puedes curarme». Jesús, dice Marcos, se compadeció, extendió la mano y lo tocó. El detalle importa. Podía haberlo curado con una palabra. Lo tocó primero, cuando nadie tocaba a un leproso, y solo después lo curó.

    Ese contacto era lo que más le faltaba. La lepra no solo destruía la piel: expulsaba de la familia, del pueblo y del culto. Algo parecido vivieron los enfermos de sida en los años ochenta y noventa, cuando había quien no quería ni darles la mano, y también los primeros contagiados de covid, señalados en sus barrios. Ser enfermo y además temido es una doble condena.

    Hoy esta novena te pide revisar tus reacciones. ¿Cómo hablas de los que tienen ciertas enfermedades? ¿Te apartas, haces chistes, culpas al que se contagió? La prudencia sanitaria es necesaria, pero nunca justifica el desprecio. Jesús mandó al leproso cumplir lo que pedía la ley para volver a la comunidad, pero no dejó que el miedo le impidiera tratarlo como persona.

  4. Petición

    Que ningún enfermo sea tratado como una amenaza.
    Amén.

  5. Oración final

    San Roque, peregrino y enfermero de los contagiados:
    líbranos de la peste, del hambre y de la guerra;
    protege a los que cuidan enfermos
    y alcánzanos salud de cuerpo y de alma.
    Amén.

Mañana toca el día 5. Vuelve a esta hora.