Día 1 de 9

Primer día — Cuidar sabiendo el riesgo

  1. Oración de todos los días

    San Roque, peregrino,
    que cuidaste a los contagiados y te contagiaste:
    guarda a los que cuidan enfermos.

    Líbranos de la peste,
    y si llega, danos generosidad y no pánico.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Lucas 10,30-37

    30 Entonces Jesús, tomando la palabra, dijo: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, que le despojaron de todo, le cubrieron de heridas y se fueron, dejándole medio muerto. 31 Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote: y aunque le vio, pasóse de largo. 32 Igualmente un levita, a pesar de que se halló vecino al sitio, y le miró, tiró adelante. 33 Pero un pasajero de nación samaritano llegóse adonde estaba, y viéndole, movióse a compasión. 34 Y arrimándose, vendó sus heridas, bañándolas con aceite y vino: y subiéndole en su cabalgadura, le condujo al mesón y cuidó de él. 35 Al día siguiente sacó dos denarios y dióselos al Mesonero, diciéndole: Cuídame este hombre; y todo lo que gaste de más, yo te lo abonaré a mi vuelta. 36 ¿Quién de estos tres te parece haber sido prójimo del que cayó en manos de los ladrones?. 37 Aquel, respondió el doctor, que usó con él de misericordia. Pues anda, díjole Jesús, y haz tú otro tanto. Marta y María
  3. Meditación del día 1

    Entró en las ciudades con peste sabiendo lo que podía pasarle. Eso hicieron miles de sanitarios hace poco.

    En la parábola, el sacerdote y el levita ven al herido y pasan de largo. Quizá temían a los ladrones o quedar impuros al tocar sangre. El samaritano también tenía motivos para seguir, pero se acerca, le venda las heridas, lo lleva a una posada y deja pagado lo que haga falta. Asume el riesgo y el gasto.

    Según la tradición, Roque era un joven de Montpellier que, de camino a Roma, se detuvo en ciudades golpeadas por la peste para cuidar enfermos. Buena parte de su vida es leyenda, pero lo que la gente recordó de él es eso: que entró donde los demás salían.

    Lo vimos hace pocos años en los hospitales. Médicos, enfermeras, camilleros, personal de limpieza y de funerarias trabajaron sabiendo que podían contagiarse y contagiar a sus familias, y muchos murieron. También hubo hijos que cuidaron a sus padres en casa sin ninguna protección. Recuérdalos hoy con nombre si los conoces. Y pregúntate a quién has dejado de visitar por miedo o por comodidad. La pregunta final de Jesús no es quién es tu prójimo, sino quién se portó como prójimo.

  4. Petición

    Bendice a los que cuidan sabiendo que se pueden contagiar.
    Amén.

  5. Oración final

    San Roque, peregrino y enfermero de los contagiados:
    líbranos de la peste, del hambre y de la guerra;
    protege a los que cuidan enfermos
    y alcánzanos salud de cuerpo y de alma.
    Amén.

Mañana toca el día 2. Vuelve a esta hora.