Día 4 de 9

Cuarto día — Investigado y silenciado

  1. Oración de todos los días

    Padre Pío,
    que pasaste la vida en el confesionario:

    dame valor para confesarme de verdad
    y quítame la vergüenza que me tiene lejos.
    Reza tú mientras yo me decido.
    Amén.

  2. Lectura del día

    1 Pedro 2,19-23

    19 Pues el mérito está en sufrir uno por respeto a Dios que le ve, penas padecidas injustamente. 20 Porque ¿qué alabanza merecéis si por vuestras faltas sois castigados y lo sufrís? Pero si obrando bien sufrís con paciencia, en eso está el mérito para con Dios. 1 SAN PEDRO 21 Que para esto fuisteis llamados; puesto que también Cristo padeció por nosotros, dándoos ejemplo, para que sigáis sus pisadas. 22 El cual no cometió pecado alguno, ni se halló dolo en su boca; 23 quien cuando le maldecían, no retornaba maldiciones; cuando le atormentaban, no prorrumpía en amenazas; antes se ponía en manos de aquel que le sentenciaba injustamente;
  3. Meditación del día 4

    Roma le prohibió confesar y celebrar en público durante años. Obedeció sin una queja pública.

    Pedro escribe a cristianos que sufren injustamente, muchos de ellos siervos de amos duros, y les propone el ejemplo de Cristo: cuando lo maldecían no devolvía maldiciones, cuando lo hacían sufrir no amenazaba, sino que se ponía en manos de Dios. Es una enseñanza peligrosa si se usa mal, y por eso hay que leerla con cuidado.

    Entre 1931 y 1933 el Santo Oficio le prohibió al padre Pío confesar y celebrar la misa en público. Hubo acusaciones, informes desfavorables y sospechas de fraude. Él obedeció. No hizo declaraciones contra Roma ni buscó apoyos para rebelarse, aunque muchos de sus seguidores se indignaron. Décadas después la Iglesia lo declaró santo.

    Esa obediencia es admirable en su caso, pero no significa que haya que callar ante cualquier injusticia. Callar ante un abuso, sobre todo si hay víctimas, no es virtud: es complicidad, y la Iglesia lo ha aprendido a un precio muy alto. Lo que enseña el padre Pío es otra cosa: soportar un trato injusto hacia uno mismo sin volverse amargo ni vengativo. Si hoy cargas con una injusticia así, pide esa libertad interior.

  4. Petición

    Dame obediencia cuando me parezca injusta,
    sin volverme amargo.
    Amén.

  5. Oración final

    San Pío de Pietrelcina,
    sacerdote del confesionario y consuelo de los enfermos:
    intercede por nosotros,
    alcánzanos un corazón arrepentido
    y la paz de los perdonados.
    Amén.

Mañana toca el día 5. Vuelve a esta hora.