Día 8 de 9

Octavo día — En la hora de la muerte

  1. Oración de todos los días

    San Miguel arcángel,
    defiéndenos en la batalla;
    sé nuestro amparo contra la perversidad
    y acechanzas del demonio.

    Que Dios manifieste sobre él su poder,
    es nuestra humilde súplica.

    Y tú, príncipe de la milicia celestial,
    defiende a esta casa y a los que viven en ella.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Daniel 12,1-3

    1 Y en aquel tiempo se levantará Miguel, príncipe grande, que es el defensor de los hijos de tu pueblo; porque vendrá un tiempo tal, cual nunca se ha visto desde que comenzaron a existir las naciones hasta aquel día. Y en aquel tiempo tu pueblo será salvado; o lo será todo aquel que se hallare escrito en el libro. 2 Y la muchedumbre de aquellos que duermen o descansan en el polvo de la tierra, despertará: unos para la vida eterna y otros para la ignominia, la cual tendrán siempre delante de sí. 3 Mas los que hubieren sido sabios brillarán como la luz del firmamento; y como estrellas por toda la eternidad aquellos que hubieren enseñado a muchos la justicia o la virtud.
  3. Meditación del día 8

    La liturgia le encomienda presentar las almas ante Dios. Se le pide para uno y para los que se están muriendo hoy.

    En Daniel aparece Miguel como «príncipe grande, que es el defensor de los hijos de tu pueblo», en un tiempo de angustia como nunca se ha visto. Y enseguida viene una de las primeras afirmaciones claras de la resurrección en la Biblia: los que duermen en el polvo de la tierra despertarán. Por eso la tradición ha unido a Miguel con la hora de la muerte, y la antigua misa de difuntos le pedía que llevara las almas a la luz santa.

    Pensar en la propia muerte no es morboso; es honesto. Nadie sabe cuándo le toca, y vivir como si no fuera a tocar lleva a dejarlo todo pendiente: los papeles, la reconciliación, la confesión, decirle a alguien que lo quieres. Pedir una buena muerte es, en realidad, pedir ordenar la vida.

    Hoy también hay gente agonizando en un hospital, en una casa o en la calle. Algunos tienen a su familia al lado, otros no tienen a nadie. Reza por ellos con nombre si los conoces, y sin nombre si no. Y si tienes a alguien enfermo cerca, quizá esta semana toca visitarlo, no la que viene.

  4. Petición

    San Miguel, preséntame ante Dios cuando me toque,
    y acompaña hoy a los que agonizan.
    Amén.

  5. Oración final

    San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla.

    Ángel de Dios, que eres mi custodio:
    ilumíname, guárdame, defiéndeme y gobiérname.

    Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael,
    rogad por nosotros.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.