Día 9 de 9

Noveno día — Bajo su amparo

  1. Oración de todos los días

    San Miguel arcángel,
    defiéndenos en la batalla;
    sé nuestro amparo contra la perversidad
    y acechanzas del demonio.

    Que Dios manifieste sobre él su poder,
    es nuestra humilde súplica.

    Y tú, príncipe de la milicia celestial,
    defiende a esta casa y a los que viven en ella.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Apocalipsis 12,7-12

    7 Entretanto, se trabó una batalla grande en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban contra el dragón, y el dragón, con sus ángeles, lidiaba contra él, 8 pero éstos fueron los más débiles, y después no quedó ya para ellos lugar ninguno en el cielo. 9 Así fue abatido aquel dragón descomunal, aquella antigua serpiente, que se llama diablo, y Satanás, que anda engañando al orbe universo; y fue lanzado a la tierra, y sus ángeles con él. 10 Entonces oí una voz sonora en el cielo que decía: He aquí el tiempo de salvación, del poder, y del reino de nuestro Dios, y del poder de su Cristo, porque ha sido ya precipitado el acusador de nuestros hermanos, que los acusaba día y noche ante la presencia de nuestro Dios. 11 Y ellos le vencieron por los méritos de la sangre del Cordero, y en virtud de la palabra de la fe que han confesado, y por la cual desamaron sus vidas hasta perderlas por obedecer a Dios. 12 Por lo tanto, regocijaos, ¡oh cielos!, y los que en ellos moráis. ¡Ay de la tierra, y del mar!, porque el diablo bajó a vosotros arrojado del cielo, y está lleno de furor, sabiendo que le queda poco tiempo.
  3. Meditación del día 9

    Mañana es su fiesta. Lo que queda de estos nueve días es una costumbre buena: rezarle al terminar el rosario y al cerrar la casa por la noche.

    El Apocalipsis cuenta una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles contra el dragón. Pero lo más interesante del texto está al final. Al dragón se le llama «el acusador de nuestros hermanos», el que los acusaba día y noche delante de Dios. Y los que lo vencen no lo hacen con fuerza propia, sino por la sangre del Cordero y por la palabra que confesaron.

    Esa voz acusadora es conocida: la que te dice que no vales, que no tienes perdón, que ya lo arruinaste todo. A veces viene de fuera y a veces de dentro. Vencerla no consiste en convencerte de que eres perfecto, sino en creer que la última palabra sobre ti no la tiene tu culpa, sino la misericordia de Dios.

    Mañana es la fiesta de los arcángeles. Te queda una costumbre fácil: la oración a san Miguel al terminar el rosario o antes de cerrar la puerta por la noche. No como fórmula para espantar nada, sino como recordatorio diario de que la batalla existe, de que no la peleas sin compañía y de que ya tiene vencedor.

  4. Petición

    San Miguel, quédate en esta casa.
    Gracias por estos nueve días.
    Defiéndenos en la batalla de cada día.
    Amén.

  5. Oración final

    San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla.

    Ángel de Dios, que eres mi custodio:
    ilumíname, guárdame, defiéndeme y gobiérname.

    Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael,
    rogad por nosotros.
    Amén.

Con este día se cierra la novena.