Día 2 de 9

Segundo día — La batalla real

  1. Oración de todos los días

    San Miguel arcángel,
    defiéndenos en la batalla;
    sé nuestro amparo contra la perversidad
    y acechanzas del demonio.

    Que Dios manifieste sobre él su poder,
    es nuestra humilde súplica.

    Y tú, príncipe de la milicia celestial,
    defiende a esta casa y a los que viven en ella.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Efesios 6,10-17

    10 Por lo demás, hermanos, confortaos en el Señor, y en su virtud todopoderosa. 11 Revestios de toda la armadura de Dios, para poder contrarrestar a las asechanzas del diablo, 12 porque no es nuestra pelea solamente contra hombres de carne y sangre, sino contra los príncipes, y potestades, contra los adalides de estas tinieblas del mundo, contra los espíritus malignos esparcidos en los aires. 13 Por lo tanto, tomad las armas todas de Dios, para poder resistir en el día aciago, y sosteneros apercibidos en todo. 14 Estad, pues, a pie firme, ceñidos vuestros lomos con el cíngulo de la verdad, y armados de la coraza de la justicia, 15 y calzados los pies, prontos a seguir y predicar el Evangelio de la paz, 16 embrazando en todos los encuentros el broquel de la fe, con que podáis apagar todos los dardos encendidos del maligno espíritu; 17 tomad también el yelmo de la salud; y empuñad la espada del espíritu, que es la palabra de Dios.
  3. Meditación del día 2

    El mal casi nunca llega con efectos especiales: llega como una mentira pequeña que se vuelve costumbre.

    Pablo describe la armadura de Dios y lo primero que menciona es un cinturón: la verdad. Antes que el escudo y la espada, la verdad. Tiene sentido: el mal entra casi siempre por una mentira, y una mentira pequeña repetida se vuelve un modo de vivir. La excusa en el trabajo, la cuenta que no cuadra del todo, la versión retocada que le das a tu pareja.

    El texto habla de espíritus malignos, y la Iglesia cree en el diablo, pero no lo imagina como una película de terror. Su trabajo más eficaz es el que no se ve: que te acostumbres a lo que antes te escandalizaba. Quien vive pendiente de señales raras, objetos malditos o «trabajos» que le hicieron suele perder de vista la batalla real, que está en sus decisiones diarias.

    Las piezas de la armadura son todas cosas corrientes: la verdad, la justicia, la disposición a llevar paz, la fe, la palabra de Dios. Nada que se compre en una tienda esotérica. Hoy mira qué pieza te falta. Probablemente sabes cuál es sin pensarlo mucho.

  4. Petición

    Defiéndeme de lo que más daño me hace y menos miedo me da.
    Dame lucidez para verlo.
    Amén.

  5. Oración final

    San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla.

    Ángel de Dios, que eres mi custodio:
    ilumíname, guárdame, defiéndeme y gobiérname.

    Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael,
    rogad por nosotros.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.