Día 6 de 9

Sexto día — Las lágrimas de agosto

  1. Oración de todos los días

    San Lorenzo, diácono:

    tú llamaste tesoro a los pobres.
    Que yo cuente así lo que tengo,
    y administre con honradez lo que no es mío.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 18,2-7

    2 Los cielos publican la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la grandeza de las obras de sus manos. 3 Cada día transmite con abundancia al siguiente día estas voces o anuncios, y la una noche las comunica a la otra noche. 4 No hay lenguaje, ni idioma, en los cuales no sean entendidas estas voces. 5 Su sonido se ha propagado por toda la tierra, y hasta el cabo del mundo se han oído sus palabras. 6 Puso Dios especialmente en el sol su Tabernáculo; y a manera de un esposo que sale 7 de su tálamo, salta como gigante a correr su carrera:
  3. Meditación del día 6

    Su noche coincide con las perseidas: la gente sale a mirar estrellas.

    «Los cielos publican la gloria de Dios.» El salmista mira hacia arriba y oye un mensaje que no usa palabras: un día se lo pasa al otro, una noche se lo comunica a la siguiente, y su voz llega a toda la tierra. Es un salmo para leer de noche, al aire libre.

    En agosto la Tierra cruza el rastro de polvo de un cometa, y eso produce la lluvia de estrellas de las Perseidas. Se ven sobre todo a mediados de agosto, alrededor de su fiesta, y por eso en muchos lugares se les llama las lágrimas de san Lorenzo. No hay ningún milagro en eso; es astronomía. Pero la gente ha sabido unir la memoria de un mártir con una noche de cielo hermoso, y no hay nada malo en ello.

    Vivimos con la mirada en el suelo o en una pantalla. En las ciudades, la contaminación lumínica ya no deja ver casi nada. Hoy, si puedes, sal a algún sitio oscuro y mira hacia arriba un rato. Sin pedir nada, sin sacar fotos. Solo para acordarte de lo pequeño que eres y de lo grande que es lo que no hiciste.

  4. Petición

    Gracias por las noches de verano
    y por mirar al cielo sin pedir nada.
    Amén.

  5. Oración final

    San Lorenzo, diácono y mártir,
    que entregaste el tesoro de la Iglesia a los pobres:
    ruega por nosotros,
    haznos honrados con lo que administramos
    y alegres en la prueba.
    Amén.

Mañana toca el día 7. Vuelve a esta hora.