Día 6 de 9

Sexto día — Las promesas del Rincón

  1. Oración de todos los días

    San Lázaro,
    amigo de Jesús, que salió del sepulcro:
    ven con los enfermos que te encomiendo.

    Y si ya no hay cura,
    pide que no les falte compañía
    ni dignidad.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Marcos 12,41-44

    41 Estando Jesús sentado frente al arca de las ofrendas, estaba mirando cómo la gente echaba dinero en ella, y muchos ricos echaban grandes cantidades. 42 Vino también una viuda pobre, la cual metió dos céntimos, que hacen un cuadrante; 43 y entonces, convocando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado más en el arca que todos los otros. 44 Por cuanto los demás han echado algo de lo que les sobraba: pero ésta ha dado de su misma pobreza todo lo que tenía, todo su sustento. Sermón escatológico
  3. Meditación del día 6

    Gente que camina kilómetros descalza, o de rodillas, pagando una promesa por alguien.

    Jesús se sienta frente al lugar de las ofrendas del templo y mira. Muchos ricos echan mucho. Llega una viuda pobre y echa dos moneditas. Jesús llama a sus discípulos para que se fijen en ella: ha echado más que todos, porque los otros dieron de lo que les sobraba y ella dio todo lo que tenía para vivir.

    Cada 17 de diciembre, por la carretera que lleva al santuario del Rincón, en las afueras de La Habana, se ve a gente caminando descalza, de rodillas, arrastrando piedras o con sacos al hombro. Muchos llevan horas o toda la noche de camino. Es fácil mirar eso con condescendencia desde fuera. Pero detrás de cada promesa hay un hijo enfermo, un familiar preso o alguien que se fue en una balsa.

    Las promesas de los pobres pesan porque se pagan con el cuerpo. Dios mira como Jesús miraba el arca de las ofrendas: no el tamaño del gesto, sino lo que cuesta. Hoy no juzgues cómo reza la gente sencilla. Pregúntate, más bien, qué te cuesta a ti tu fe.

  4. Petición

    Recibe las promesas de los pobres,
    que son las que más cuestan.
    Amén.

  5. Oración final

    San Lázaro, amigo del Señor,
    que fuiste llamado a salir del sepulcro:
    intercede por los enfermos,
    por los pobres que están a nuestra puerta
    y por los que ya no esperan nada.
    Amén.

Mañana toca el día 7. Vuelve a esta hora.