Día 4 de 9
Cuarto día — Los jóvenes
Oración de todos los días
San Juan Pablo II,
que dijiste «no tengáis miedo»:quítame el miedo que me paraliza,
dame amor por los jóvenes de mi casa
y fuerza para envejecer sin amargura.
Amén.Lectura del día
17 Así que salió para ponerse en camino, vino corriendo uno, y arrodillado a sus pies, SAN MARCOS le preguntó: ¡Oh buen Maestro!, ¿qué debo yo hacer para conseguir la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. 19 Ya sabes los mandamientos que conducen a la vida: No cometer adulterio, no matar, no hurtar, no decir falso testimonio, no hacer mal a nadie, honrar padre y madre. 20 A esto respondió él, y le dijo: Maestro, todas esas cosas las he observado desde mi mocedad. 21 Y Jesús, mirándole de hito en hito, mostró quedar prendado de él, y le dijo: Una cosa te falta aún; anda, vende cuanto tienes, y dalo a los pobres, que así tendrás un tesoro en el cielo: y ven luego y sigúeme. 22 A esta propuesta, apenado el joven, fuese muy afligido, pues tenía muchos bienes. Riquezas: pobreza voluntaria
Meditación del día 4
Llenó plazas con jóvenes durante veinticinco años, y no les habló fácil.
Un joven se acerca corriendo a Jesús y pregunta qué tiene que hacer para la vida eterna. Cumple los mandamientos desde siempre. Jesús lo mira con cariño y le pide algo más difícil: que venda lo que tiene y lo siga. El joven se va triste.
Juan Pablo II escribió en 1985 una carta a los jóvenes del mundo comentando precisamente esta escena. Ese mismo año empezaron a gestarse las Jornadas Mundiales de la Juventud, que llevaron a cientos de miles de jóvenes a Buenos Aires, Santiago de Compostela, Manila o Roma. No les habló fácil: les pidió exigencia, castidad, compromiso, y aun así lo escuchaban.
Fíjate en el orden del Evangelio: primero Jesús lo mira con amor, después le exige. Muchos jóvenes reciben de los adultos lo contrario: exigencias sin mirada, o mirada complaciente sin exigencia. Piensa en los jóvenes de tu familia. ¿Hay alguien que les hable de verdad, sin sermón y sin miedo? Quizá te toque a ti escuchar primero lo que piensan, y luego decirles con respeto lo que crees. Aunque se vayan tristes, algo queda.
Petición
Por los jóvenes de mi familia:
que alguien les hable claro y con respeto.
Amén.Oración final
San Juan Pablo II,
que no tuviste miedo y nos enseñaste a no tenerlo:
ruega por la familia, por los jóvenes
y por los que envejecen y enferman.Totus tuus: todo tuyo, María.
Amén.
Mañana toca el día 5. Vuelve a esta hora.