Día 2 de 9

Segundo día — Aprender del propio dolor

  1. Oración de todos los días

    San Juan de Dios,
    que pasaste por el manicomio y fundaste hospitales:

    cuida a los enfermos de la mente,
    a los que duermen en la calle
    y a los que nadie sabe dónde meter.
    Amén.

  2. Lectura del día

    2 Corintios 1,3-7

    3 Bendito sea Dios, padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias, y Dios de toda consolación, 4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que se hallan en cualquier trabajo, con la misma consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 5 Porque a medida que se aumentan en nosotros las aflicciones por amor de Cristo, se aumenta también nuestra consolación por Cristo. 6 Pues si somos atribulados, lo somos para vuestra edificación y salud; si somos consolados, lo somos para vuestra consolación; si somos confortados, lo somos para confortación y salvación vuestra, cuya obra se perfecciona con la paciencia con que sufrís las mismas penas que igualmente sufrimos nosotros; 7 de suerte que nuestra esperanza es firme por lo tocante a vosotros, 2 CORINTIOS sabiendo que así como sois compañeros en las penas, así lo seréis también en la consolación.
  3. Meditación del día 2

    Salió de allí decidido a hacer un sitio donde se cuidara bien. Usó su herida.

    Pablo bendice a Dios porque lo consuela en sus tribulaciones, y dice para qué: para que él pueda consolar a otros con el mismo consuelo que recibió. El sufrimiento no queda encerrado en uno mismo: se convierte en una capacidad para entender a los demás.

    Juan salió del hospital decidido a hacer exactamente lo contrario de lo que había vivido. Había visto cómo se trataba a los enfermos pobres: hacinados, golpeados, sin nombre. En 1539 alquiló una casa en Granada y empezó a recibir a los que nadie quería. Puso camas, lavó cuerpos, consiguió comida. No tenía formación médica, pero sabía lo que era estar del otro lado.

    Muchas de las personas que mejor acompañan a otros son las que sufrieron algo parecido. La madre que perdió un hijo y ahora visita a otras madres en duelo. El exadicto que coordina un grupo de ayuda. La mujer que salió de una relación violenta y ahora orienta a otras. Lo que te hizo daño no tiene que definirte, pero puede servirte para tender la mano a alguien que está donde tú estuviste.

  4. Petición

    Que lo que he sufrido me sirva
    para ayudar a alguien.
    Amén.

  5. Oración final

    San Juan de Dios,
    padre de los enfermos y de los pobres:
    ruega por los enfermos de la mente,
    por los que no tienen casa
    y por quienes los atienden.
    Haced bien, hermanos.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.