Día 7 de 9
Séptimo día — El silencio
Oración de todos los días
A ti, san José, acudimos en nuestra tribulación,
y después de implorar la ayuda de tu santísima esposa,
venimos a pedir también tu protección.Por el amor que te unió a la Virgen Inmaculada
y por el cariño con que abrazaste al Niño Jesús,
mira con bondad esta casa y sus necesidades.
Amén.Lectura del día
1 Todas las cosas tienen su tiempo, y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se le ha prescrito. 2 Hay tiempo de nacer y tiempo de morir: tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo que se plantó; 3 tiempo de dar muerte, y tiempo de dar vida: tiempo de derribar, y tiempo de edificar: 4 tiempo de llorar, y tiempo de reír: tiempo de luto, y tiempo de gala: 5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de recogerlas: tiempo de abrazar y tiempo de alejarse de los abrazos: 6 tiempo de ganar, y tiempo de perder: tiempo de conservar, y tiempo de arrojar: 7 tiempo de rasgar, y tiempo de coser: tiempo de callar, y tiempo de hablar: 8 tiempo de amor, y tiempo de odio: tiempo de guerra, y tiempo de paz,
Meditación del día 7
No dijo nada, o nadie lo apuntó. Hay una manera de estar que no necesita explicarse ni cobrarse.
El Eclesiastés lo dice sin rodeos: hay tiempo de callar y tiempo de hablar. No pone uno por encima del otro. El problema es confundirlos: hablar cuando había que escuchar, y callar cuando alguien necesitaba que dijéramos algo.
El silencio de José no fue el de quien castiga. No se quedó mudo para que María se sintiera culpable ni se encerró en el taller a rumiar. Fue el silencio de quien no necesita tener la última palabra porque está ocupado cuidando. En muchas casas se conoce bien el otro silencio: días sin dirigirse la palabra, la cara larga, el castigo sin explicación. Eso también hiere, aunque no haga ruido.
Piensa en la última discusión que tuviste. ¿Necesitabas ganar? ¿Repetiste lo mismo tres veces para que quedara claro que tenías razón? Hoy prueba lo contrario: di lo que hay que decir una vez y con calma, y después deja que el otro hable sin interrumpir. Y si hay algo que callas por miedo, como una injusticia en el trabajo o un abuso en la familia, ese no es silencio de José: ese hay que romperlo.
Petición
Quítame la necesidad de tener razón en voz alta.
Dame el silencio que sostiene y no el que castiga.
Amén.Oración final
San José, padre y protector nuestro,
ruega por nosotros y por nuestra familia.Jesús, María y José,
os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, María y José,
asistidme en mi última agonía.
Jesús, María y José,
que descanse en paz con vosotros.
Amén.
Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.