Día 2 de 9

Segundo día — El que obedeció de noche

  1. Oración de todos los días

    A ti, san José, acudimos en nuestra tribulación,
    y después de implorar la ayuda de tu santísima esposa,
    venimos a pedir también tu protección.

    Por el amor que te unió a la Virgen Inmaculada
    y por el cariño con que abrazaste al Niño Jesús,
    mira con bondad esta casa y sus necesidades.
    Amén.

  2. Lectura del día

    1 Samuel 3,3-10

    3 y Samuel durmiendo junto a él en el templo del Señor, donde estaba el Arca de Dios, he aquí que el Señor, antes que fuese apagada la lámpara de Dios, o candelero de oro, 4 llamó a Samuel; y respondiendo éste: Aquí estoy; 5 corrió al punto a Helí y dijo: Heme aquí, ya que me has llamado. Helí dijo: No te he llamado, vuélvete a dormir. Fuese Samuel y acostóse de nuevo. 6 Volvió el Señor por segunda vez a llamar a Samuel, y, levantándose éste, fue a Helí y le dijo: Heme aquí pues me has llamado. Helí le respondió: Hijo mío, yo no te he llamado; vuélvete a dormir. 7 Y es que Samuel no conocía todavía la voz del Señor, pues hasta entonces no le había sido revelada la palabra del Señor. 8 Repitió el Señor y llamó por tercera vez a Samuel, el cual, levantándose, volvió a Helí, 9 diciendo: Heme aquí, pues que me has llamado. Con esto reconoció Helí que era el Señor quien llamaba al joven, y dijo a Samuel: Vete a dormir, y si te llamare otra vez, responderás: Hablad, ¡oh Señor!, que vuestro siervo escucha. Volvióse, pues, Samuel a su aposento, y se puso otra vez a dormir. 10 Vino entonces el Señor, y llegándose a Samuel, le llamó como las otras veces: Samuel, Samuel. A lo que respondió Samuel: Hablad, Señor, que vuestro siervo os escucha.
  3. Meditación del día 2

    Se le avisa en sueños y se levanta de madrugada a hacerlo. Las decisiones que salvan casi siempre son incómodas y a mala hora.

    José no es el único al que Dios despierta de noche. El niño Samuel oye que lo llaman tres veces y tres veces corre adonde el viejo Helí, convencido de que es él. Hace falta que alguien con experiencia le diga: la próxima vez, contesta. Reconocer la voz de Dios casi nunca es inmediato, y casi nunca llega a una hora cómoda.

    Lo de José fue todavía más brusco: no tuvo a nadie que le explicara, solo un sueño y una decisión. Se levantó, cargó lo que pudo y se fue. No pidió una segunda confirmación ni esperó a que amaneciera.

    Todos tenemos algo pendiente que sabemos que hay que hacer: una conversación con un hijo, ir al médico por ese síntoma, pedir perdón, dejar un trabajo que nos está enfermando. Y lo vamos aplazando con razones muy razonables. Hoy no se trata de tomar decisiones de golpe por un presentimiento, sino de dejar de fingir que no has oído. Si ya sabes qué es, empieza por el primer paso pequeño, aunque sea esta misma semana.

  4. Petición

    Dame prontitud para lo que hay que hacer,
    sin dejarlo para cuando me venga bien.
    Amén.

  5. Oración final

    San José, padre y protector nuestro,
    ruega por nosotros y por nuestra familia.

    Jesús, María y José,
    os doy el corazón y el alma mía.
    Jesús, María y José,
    asistidme en mi última agonía.
    Jesús, María y José,
    que descanse en paz con vosotros.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.