Día 4 de 9
Cuarto día — Rezar y arar
Oración de todos los días
San Isidro labrador,
jornalero de Dios:pide por los que trabajan la tierra,
por la lluvia a tiempo
y por el precio justo de lo que producen.
Amén.Lectura del día
2 Si el Señor no edifica la casa, en vano se fatigan los que la fabrican. Si el Señor no guarda la ciudad, inútilmente se desvela el que la guarda. 3 En vano será el levantaros antes de amanecer: levantaos después de haber descansado, y acudid al Señor los que coméis pan de lágrimas. Mientras concede Dios el sueño y reposo a sus amados, 4 he aquí que les viene del Señor la herencia, los hijos, las ganancias, y las crías de los ganados.
Meditación del día 4
Lo acusaban de perder tiempo rezando; la leyenda dice que los ángeles araban por él. Lo cierto es que hacía las dos cosas.
El salmo dice: si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila el centinela. Es inútil madrugar y trasnochar comiendo un pan de fatigas. Dios da también el descanso a quienes ama.
Según la leyenda, a Isidro lo acusaron ante su patrón de llegar tarde porque se quedaba en misa, y cuando el patrón fue a vigilarlo encontró a unos ángeles arando por él. La historia es bonita, pero lo importante no son los ángeles: es que Isidro no veía oposición entre rezar y trabajar.
Hoy el riesgo suele ser al revés del que señalaba su patrón: trabajar tanto que no queda tiempo ni para respirar, mucho menos para rezar o estar con la familia. El salmo es un antídoto contra esa idea de que todo depende de uno. Trabaja con seriedad, pero no conviertas el trabajo en tu dios. Busca hoy diez minutos de silencio antes o después de la jornada.
Petición
Que la oración no me quite el trabajo
ni el trabajo la oración.
Amén.Oración final
San Isidro labrador,
que trabajaste la tierra y no dejaste de rezar:
bendice nuestros campos,
danos lluvia a tiempo
y pan en nuestra mesa.
Amén.
Mañana toca el día 5. Vuelve a esta hora.