Día 8 de 9

Octavo día — El examen del día

  1. Oración de todos los días

    San Ignacio de Loyola,
    que aprendiste a distinguir lo que deja paz
    de lo que deja inquietud:

    enséñame a discernir lo que tengo delante.
    Toma, Señor, y recibe toda mi libertad.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 138,1-6

    1 Para el fin: salmo de David. 2 Oh Señor, tú has hecho prueba de mí, y me tienes bien conocido. 3 Tú sabes cuanto hago, ora esté quieto, ora andando. 4 De lejos penetras mis pensamientos; averiguaste mis pasos y mis medidas. 5 Tú previste todas las acciones de mi vida; todo lo sabes, aunque mi lengua no pronuncie palabra. 6 Todo lo conoces, Señor, lo pasado y lo venidero; tú me formaste, y, pusiste sobre mí tu mano bienhechora
  3. Meditación del día 8

    Dejó una costumbre sencilla y eficaz: repasar el día cada noche, con gratitud primero.

    Señor, tú me sondeas y me conoces: sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, de lejos conoces mis pensamientos. El salmo 138 no es una amenaza de un Dios vigilante, sino la confianza de alguien que se sabe conocido del todo y aun así acompañado.

    De todas las prácticas que dejó Ignacio, la más sencilla y quizá la más útil es el examen del día. Consiste en dedicar unos minutos cada noche a repasar la jornada con Dios. Pero empieza por algo que suele olvidarse: dar gracias por lo bueno recibido. Solo después se mira lo que salió mal, se pide perdón y se piensa en mañana.

    No es un recuento de culpas ni una auditoría. Es aprender a ver dónde estuvo Dios en lo que viviste: en una conversación, en un problema resuelto, en un momento de paciencia que no sabías que tenías. Hecho cada noche, va cambiando la mirada. Prueba esta noche: cinco minutos, sin pantallas, primero gratitud y luego lo demás. Y mañana, otra vez.

  4. Petición

    Dame la costumbre de repasar el día contigo.
    Amén.

  5. Oración final

    Toma, Señor, y recibe
    toda mi libertad, mi memoria,
    mi entendimiento y toda mi voluntad;
    todo mi haber y mi poseer.
    Tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno.
    Dame tu amor y tu gracia,
    que eso me basta.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.