Día 9 de 9

Noveno día — Víspera del 31 de julio

  1. Oración de todos los días

    San Ignacio de Loyola,
    que aprendiste a distinguir lo que deja paz
    de lo que deja inquietud:

    enséñame a discernir lo que tengo delante.
    Toma, Señor, y recibe toda mi libertad.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Santiago 1,5-8

    5 Mas si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídasela a Dios, que a todos da copiosamente, y no zahiere a nadie, y le será concedida. 6 Pero pídala con fe sin sombra de duda, pues quien anda dudando, es semejante a la ola del mar alborotada, y agitada del viento, acá y allá; 7 así que, un nombre semejante, no tiene que pensar que ha de recibir poco ni mucho del Señor. 8 El hombre de ánimo doble, es inconstante en todos sus caminos.
  3. Meditación del día 9

    Mañana es su fiesta. Lo que queda no es una devoción: es un método para decidir con más luz.

    Santiago lo dice sin rodeos: si a alguno le falta sabiduría, que se la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin reproches. Pero que la pida con confianza, porque el que duda es como una ola del mar llevada por el viento, y el hombre de ánimo dividido es inestable en todo.

    Mañana es la fiesta de san Ignacio. Murió en Roma en 1556, dejando una orden extendida por varios continentes y unos Ejercicios espirituales que siguen haciendo miles de personas, católicas y de otras confesiones. Pero lo que deja a quien reza esta novena no es una devoción más, sino una manera de decidir: escuchar lo que pasa por dentro, pedir luz y elegir con libertad.

    Si tienes una decisión pendiente —un trabajo, una mudanza, una relación, una vocación—, no la dejes en manos del azar ni del miedo. Escribe las razones a favor y en contra, observa cómo te deja cada opción, consulta a alguien sensato y pide sabiduría. Luego decide, aunque no tengas todas las certezas. Quedarse eternamente dudando también es una decisión.

  4. Petición

    San Ignacio, gracias por estos nueve días.
    Ayúdame a decidir esto: (dilo ahora).
    Amén.

  5. Oración final

    Toma, Señor, y recibe
    toda mi libertad, mi memoria,
    mi entendimiento y toda mi voluntad;
    todo mi haber y mi poseer.
    Tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno.
    Dame tu amor y tu gracia,
    que eso me basta.
    Amén.

Con este día se cierra la novena.