Día 2 de 9

Segundo día — El leproso

  1. Oración de todos los días

    San Francisco de Asís,
    que te quedaste sin nada y fuiste libre:

    quítame lo que me sobra,
    dame paz con quien no me la da,
    y hazme hermano de la gente y de lo creado.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Marcos 1,40-45

    40 Vino también a Él un leproso a pedirle favor; e hincándose de rodillas le dijo: Si Tú quieres, puedes curarme. 41 Jesús, compadeciéndose de él, extendió la mano, y tocándole, le dice: Quiero; sé curado. 42 Y acabando de decir esto, al instante desapareció de él la lepra, y quedó curado. 43 Y Jesús le despachó luego, conminándole 44 y diciéndole: Mira, que no lo digas a nadie: mas ve, y preséntate al príncipe de los sacerdotes, y ofrece por tu curación lo que tiene Moisés ordenado, para que esto te sirva de testimonio. 45 Mas aquel hombre, así que se fue, comenzó a hablar de su curación y a publicarlo por todas partes, de modo que ya no podía Jesús entrar manifiestamente en la ciudad, sino que andaba fuera, por lugares solitarios, y las gentes acudían a Él de todas partes. Cura a un paralítico
  3. Meditación del día 2

    Su conversión empezó abrazando a un leproso, lo que más asco le daba.

    El leproso se acerca a Jesús, cosa que tenía prohibida, y le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús podía curarlo de lejos, con una palabra. Pero extiende la mano y lo toca. Tocar a un leproso era quedar impuro. Jesús lo hace igual.

    Francisco contó en su Testamento que al principio le resultaba amargo ver a los leprosos, y que el Señor lo llevó entre ellos; lo que antes le parecía amargo se le volvió dulzura. Su conversión empezó ahí, no en una iglesia sino en el contacto con quienes todos evitaban.

    Cada uno tiene su propio leproso: el indigente que huele mal en el metro, el vecino con problemas mentales, el pariente alcohólico, el preso, el enfermo terminal que da miedo visitar, el que piensa radicalmente distinto en política. La petición no dice que tengas que sentir cariño por todos de un día para otro. Dice que te acerques. Lo que pasa después, como le pasó a Francisco, suele sorprender.

  4. Petición

    Acércame a quien me da rechazo.
    Amén.

  5. Oración final

    Señor, hazme un instrumento de tu paz:
    donde haya odio, que yo lleve el amor;
    donde haya ofensa, que yo lleve el perdón.

    San Francisco de Asís, ruega por nosotros.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.