Día 1 de 9

Primer día — Devolver la ropa

  1. Oración de todos los días

    San Francisco de Asís,
    que te quedaste sin nada y fuiste libre:

    quítame lo que me sobra,
    dame paz con quien no me la da,
    y hazme hermano de la gente y de lo creado.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Marcos 10,17-22

    17 Así que salió para ponerse en camino, vino corriendo uno, y arrodillado a sus pies, SAN MARCOS le preguntó: ¡Oh buen Maestro!, ¿qué debo yo hacer para conseguir la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. 19 Ya sabes los mandamientos que conducen a la vida: No cometer adulterio, no matar, no hurtar, no decir falso testimonio, no hacer mal a nadie, honrar padre y madre. 20 A esto respondió él, y le dijo: Maestro, todas esas cosas las he observado desde mi mocedad. 21 Y Jesús, mirándole de hito en hito, mostró quedar prendado de él, y le dijo: Una cosa te falta aún; anda, vende cuanto tienes, y dalo a los pobres, que así tendrás un tesoro en el cielo: y ven luego y sigúeme. 22 A esta propuesta, apenado el joven, fuese muy afligido, pues tenía muchos bienes. Riquezas: pobreza voluntaria
  3. Meditación del día 1

    Se desnudó en la plaza para devolvérselo todo a su padre. Empezar de cero a veces requiere un gesto público.

    Un joven corre hacia Jesús, se arrodilla y le pregunta qué tiene que hacer. Cumple los mandamientos desde niño. Jesús lo mira con cariño y le pide lo único que le cuesta: que venda lo que tiene y lo siga. El joven se va triste, porque era muy rico. Es una de las pocas personas del Evangelio que dice que no a una invitación directa de Jesús.

    Francisco hizo lo contrario. Hijo de un comerciante de telas de Asís, se presentó ante el obispo, se quitó la ropa delante de todos y se la devolvió a su padre, que lo había llevado ante la autoridad por las telas que el hijo había vendido. Fue un escándalo familiar y un corte limpio.

    Nadie te pide que te desnudes en la plaza. Pero todos tenemos algo que nos ata más de lo que admitimos: el dinero, el qué dirán, una relación que nos hace daño, una costumbre que ya manda sobre nosotros. La petición es sencilla y valiente: que te muestren de qué tienes que soltarte. La respuesta, normalmente, ya la sospechas.

  4. Petición

    Señálame de qué tengo que desprenderme.
    Amén.

  5. Oración final

    Señor, hazme un instrumento de tu paz:
    donde haya odio, que yo lleve el amor;
    donde haya ofensa, que yo lleve el perdón.

    San Francisco de Asís, ruega por nosotros.
    Amén.

Mañana toca el día 2. Vuelve a esta hora.