Día 3 de 9
Tercer día — Las cintas atadas
Oración de todos los días
San Charbel,
monje del silencio:
no dejaste palabras, dejaste una vida.Pide por los enfermos que te encomiendo
y enséñame a callar y a estar con Dios
sin necesitar ruido.
Amén.Lectura del día
5 Asimismo, cuando oráis, no habéis de ser como los hipócritas, que de propósito se ponen a orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. 6 Tú, al contrario, cuando hubieres de orar, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora en secreto a tu Padre, SAN MATEO y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará. 7 En la oración no afectéis hablar mucho, como hacen los gentiles, que se imaginan haber de ser oídos a fuerza de palabras. 8 No queráis, pues, imitarlos; que bien sabe vuestro Padre lo que habéis menester, antes de pedírselo.
Meditación del día 3
La costumbre de atar una cinta con una petición es reciente. Vale como gesto, no como magia.
Jesús es muy claro con la oración: no hace falta gritar ni repetir mucho, como si Dios no oyera; vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis. Y critica a los que rezan para ser vistos en las esquinas. La oración que Dios escucha es la que se hace en lo secreto.
La costumbre de atar cintas de colores con peticiones junto a la imagen de san Charbel es muy reciente. Como gesto tiene sentido: escribir lo que se pide ayuda a concretar, y verlo atado allí es una forma de dejarlo en manos de otro. El problema empieza cuando la cinta se convierte en el centro: el color correcto, el número de nudos, la fecha exacta, la idea de que si no se hace bien no funciona. Eso ya no es fe, es superstición, aunque pase dentro de una iglesia.
Si vas a atar una cinta, que sea lo último y no lo primero. Primero reza, aunque sea con dos palabras. Después, si quieres, ata la cinta. Y si no puedes ir al templo, no pasa nada: Dios también escucha desde la cocina.
Petición
Que mi gesto exprese mi fe
y no sustituya a mi oración.
Amén.Oración final
San Charbel Makhlouf,
monje y ermitaño,
que en el silencio encontraste a Dios:
intercede por los enfermos,
por tu tierra del Líbano
y por nosotros, que no sabemos callar.
Amén.
Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.