Mateo 6

1 Guardaos bien de hacer vuestras obras buenas en presencia de los hombres, con el fin de que os vean: de otra manera no recibiréis su galardón de vuestro Padre, que está en los cielos.

2 Y así, cuando das limosna, no quieras publicarla a son de trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, a fin de ser honrados de los hombres. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa.

3 Mas tú, cuando das limosna, haz que tu mano izquierda no perciba lo qué hace tu derecha:

4 para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

5 Asimismo, cuando oráis, no habéis de ser como los hipócritas, que de propósito se ponen a orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Significado No condena Jesús la oración colectiva (véase 18, 19, 20), sino la ostentación; y a la vez recomienda las circunstancias de lugar y secreto para la oración individual

6 Tú, al contrario, cuando hubieres de orar, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora en secreto a tu Padre, SAN MATEO y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará.

7 En la oración no afectéis hablar mucho, como hacen los gentiles, que se imaginan haber de ser oídos a fuerza de palabras. Significado Nada valen las palabras sin espíritu de fe

8 No queráis, pues, imitarlos; que bien sabe vuestro Padre lo que habéis menester, antes de pedírselo.

9 Ved, pues, cómo habéis de orar: Padre nuestro, que estás en los cielos: santificado sea el tu nombre.

10 Venga el tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Significado El reino de la gracia que nos dispone al reino de la gloria

11 El pan nuestro de cada día dánosle hoy.

12 Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

13 Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos del mal. Amén.

14 Porque si perdonáis a los hombres las ofensas que cometen contra vosotros: también vuestro Padre celestial os perdonará vuestros pecados.

15 Pero si vosotros no perdonáis a los hombres: tampoco vuestro Padre os perdonará los pecados.

16 Cuando ayunéis, no os pongáis caritristes como los hipócritas: que desfiguran sus rostros, para mostrar a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su galardón.

17 Tú, al contrario, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu cara,

18 para que no conozcan los hombres que ayunas, sino únicamente tu Padre, que está presente a todo, aun lo que hay de más secreto:

19 y tu Padre, que ve lo que pasa en secreto, te dará por ello la recompensa. Sermón del Monte: Los bienes terrenos

20 No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra: donde el orín y la polilla los consumen: y donde los ladrones los desentierran y roban.

21 Atesorad más bien para vosotros tesoros en el cielo: donde no hay orín ni polilla que los consuma; ni tampoco ladrones que los desentierren y roben.

22 Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

23 Antorcha de tu cuerpo son tus ojos. Si tu ojo fuere sencillo, o estuviere sano: todo tu cuerpo estará iluminado. Significado El «ojo» se toma por la intención, que debe ser «pura»; pues si se mancha, la obra se hace pecaminosa

24 Mas si tienes malo tu ojo: todo tu cuerpo estará oscurecido. Pues sí lo que debe ser luz en ti, es tinieblas: las mismas tinieblas, ¿cuan grandes serán?

25 Ninguno puede servir a dos señores: porque o tendrá aversión al uno y amor al otro: o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

26 En razón de eso os digo, no os acongojéis por el cuidado de hallar qué comer para sustentar vuestra vida, o de dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. ¡Qué!, ¿no vale más la vida que el alimento: y el cuerpo que el vestido? Significado No prohibe Cristo el cuidado conveniente, sino la solícitud congojosa

27 Mirad las aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros: y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valéis vosotros mucho más, sin comparación, que ellas?

28 Y ¿quién de vosotros a fuerza de discursos puede añadir un codo a su estatura?

29 Y acerca del vestido, ¿a qué propósito inquietaros? Contemplad los lirios del campo cómo crecen: no labran, ni tampoco hilan.

30 Sin embargo, Yo os digo que ni Salomón en medio de toda su gloria se vistió con tanto primor como uno de estos lirios

31 Pues si una hierba del campo, que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios así la viste: ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?

32 Así, que no vayáis diciendo, acongojados: ¿Dónde hallaremos qué comer y beber? ¿Dónde hallaremos con qué vestirnos?

33 Como hacen los paganos, los cuales andan ansiosos tras todas estas cosas; que bien sabe vuestro Padre la necesidad que de ellas tenéis.

34 Así, que buscad primero el reino de Dios, y su justicia: y todas las demás cosas se os darán por añadidura.

35 No andéis, pues, acongojados por el día de mañana; que el día de mañana harto cuidado traerá por sí: bástale ya a cada día su propio afán. Sermón del Monte: Del juicio temerario

Toca ✦ junto a un versículo para leer su significado (notas de la edición de Torres Amat).