Día 2 de 9
Segundo día — Las tentaciones
Oración de todos los días
San Antonio Abad,
que pasaste años peleando con tu propia cabeza:acompáñame en lo que se me repite dentro,
en la obsesión y en la tentación,
y no me dejes creer que estoy solo en eso.
Amén.Lectura del día
18 Que bien conozco que nada de bueno hay en mí, quiero decir, en mi carne. Pues aunque hallo en mí la voluntad para hacer el bien: no hallo cómo cumplirla. 19 Por cuanto no hago el bien que quiero: antes bien, hago el mal que no quiero. 20 Mas si hago lo que no quiero: ya no lo ejecuto yo, sino el pecado que habita en mí. 21 Y así.es que, cuando yo quiero hacer el bien, me encuentro con una ley o inclinación contraria, porque el mal está pegado a mí: 22 de aquí es que me complazco en la Ley de Dios según el hombre interior: 23 mas al mismo tiempo echo de ver otra ley en mis miembros, la cual resiste a la ley de mi espíritu, y me sojuzga a la ley del pecado, que está en los miembros de mi cuerpo. 24 ¡Infeliz de mí!, ¿quién me libertará de este cuerpo de muerte o mortífera concupiscencia?
Meditación del día 2
Lo que llamaban demonios se parece mucho a lo que hoy llamamos obsesiones, ansiedad y deseo repetido.
Pablo describe algo que cualquiera reconoce: no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Siente dentro de sí dos fuerzas que luchan, y termina con un grito: «¡Infeliz de mí!, ¿quién me libertará?». No es la confesión de un hombre débil; es la de uno de los grandes apóstoles.
La vida de Antonio que escribió Atanasio está llena de luchas con los demonios: ruidos, apariciones, golpes, visiones aterradoras. Los pintores se divirtieron siglos con esas escenas. Leídas hoy, muchas se parecen a lo que conocemos como pensamientos obsesivos, ansiedad, insomnio, deseos que vuelven una y otra vez aunque uno no los quiera.
Si tu cabeza te pelea, no estás solo ni eres peor persona. Los pensamientos no son pecados por el hecho de aparecer. Antonio no ganaba esas batallas por ser fuerte, sino por no rendirse y por pedir ayuda a Dios cada vez. Hoy también se puede pedir ayuda a otros: un confesor sensato, un amigo, y si la ansiedad o las obsesiones te quitan la vida, un psicólogo o un psiquiatra. Buscar tratamiento no es falta de fe. Es una manera de no luchar solo.
Petición
Cuando la cabeza me pelee, sostenme.
Amén.Oración final
San Antonio Abad,
padre de los monjes:
ruega por nosotros,
líbranos de las tentaciones y de la angustia,
y bendice a los animales que nos acompañan.
Amén.
Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.