Día 2 de 9
Segundo día — Un camión verde
Oración de todos los días
San Alberto Hurtado,
que saliste a buscar a Cristo en la calle:ábreme los ojos a quien duerme en mi barrio,
y no me dejes tranquilo
si no hago nada.
Amén.Lectura del día
1 Por aquellos días, creciendo el número de los discípulos, se suscitó una queja de los judíos griegos contra los judíos hebreos o nacidos en el país, porque no se hacía caso de sus viudas en el servicio o distribución del sustento diario. 2 En atención a esto, los doce apóstoles, convocando a todos los discípulos, les dijeron: No es justo que nosotros descuidemos la predicación de la palabra de Dios por tener cuidado de las mesas. 3 Por lo tanto, hermanos, nombrad de entre vosotros siete sujetos de buena fama, llenos del Espíritu Santo, y de inteligencia, a los cuales encarguemos este ministerio. 4 Y con esto podremos nosotros emplearnos enteramente en la oración y en la predicación de la palabra divina. 5 Pareció bien esta propuesta a toda la asamblea; y así nombraron a Esteban, varón lleno de fe, y del Espíritu santo, y a Felipe, y a Procoro, a Nicanor, y a Timón, a Parmenas, HECHOS y a Nicolás, prosélito antioqueno. 6 Presentáronlos a los apóstoles, los cuales, haciendo oración, les impusieron las manos u ordenaron.
Meditación del día 2
Recorría Santiago de noche recogiendo gente en una camioneta. La caridad exige logística.
La primera comunidad cristiana tuvo pronto un problema práctico: las viudas de origen griego no recibían bien la ayuda diaria, y se quejaron. Los apóstoles no respondieron con buenos deseos. Organizaron: eligieron a siete hombres de confianza para encargarse de la distribución. La Iglesia nació también con logística.
Hurtado salía de noche en una camioneta verde a recorrer Santiago, sobre todo por las riberas del río Mapocho, recogiendo a hombres y niños que dormían a la intemperie para llevarlos al Hogar. La imagen de esa camioneta se volvió famosa. Pero detrás había turnos, choferes, voluntarios, colchones, cocina, cuentas que pagar. La caridad no se sostiene solo con entusiasmo.
Muchas buenas intenciones mueren por desorganización. Se recoge ropa que nadie clasifica, se organiza una colecta sin saber a quién va, se empieza algo que nadie sigue. Hoy, si quieres ayudar, piensa en cómo: a quién, cuándo, con quién, con qué constancia. A veces lo más útil es sumarte a una obra que ya funciona en vez de inventar otra. Y si sabes de cuentas, de transporte o de cocina, ofrécelo: eso también es caridad.
Petición
Que mi ayuda sea concreta y organizada,
no solo un buen deseo.
Amén.Oración final
San Alberto Hurtado,
que viste a Cristo en el pobre de la calle:
ruega por nosotros,
danos ojos para ver
y manos para hacer algo.
Amén.
Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.