Día 8 de 9

Octavo día — Cortar lo que hay que cortar

  1. Oración de todos los días

    María que desatas los nudos,
    toma esta cinta enredada que es mi vida
    y desátala con tus manos de madre.

    No tires: desata.
    Y si algún nudo hay que cortar,
    dame valor para cortarlo.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Mateo 18,7-9

    7 ¡Ay del mundo por razón de los escándalos! Porque si bien es forzoso que haya escándalos; sin embargo, ¡ay de aquel hombre que causa el escándalo! 8 Si tu mano o tu pie te es ocasión de escándalo o pecado, córtalos y arrójalos lejos de ti: pues más te vale entrar en la vida eterna manco o cojo, que con dos manos o dos pies ser precipitado al fuego eterno. 9 Y si tu ojo es para ti ocasión de escándalo, sácalo y arrójalo lejos de ti: mejor te es entrar en la vida eterna con un solo ojo, que tener dos ojos y ser arrojado al fuego del infierno.
  3. Meditación del día 8

    Hay ataduras que no hay que desatar sino cortar: una relación que daña, un vicio, una compañía.

    Jesús usa palabras que asustan: si tu mano te hace caer, córtala; si tu ojo, arráncalo. No habla de mutilarse, habla de lo radical que hay que ser con lo que destruye. Hay cosas que no se desatan con paciencia: se cortan.

    Esta devoción insiste en la calma, y con razón, pero no todo lo que ata es un nudo que hay que deshacer con cuidado. Una relación donde te pegan, te controlan el dinero o te humillan no se desata: se sale de ella. Una adicción no se negocia con calma: se trata. Un amigo que te arrastra a lo que no quieres hacer no siempre se puede reformar.

    Cortar duele, y a veces deja sentimiento de culpa, sobre todo en familias donde se enseñó que hay que aguantarlo todo. Pero la fe no pide aguantar el maltrato. La petición dice sin odio y sin volver atrás: se puede cortar sin desearle mal a nadie. Si necesitas ayuda para hacerlo, búscala hoy mismo.

  4. Petición

    Dame claridad para cortar lo que me destruye,
    sin odio y sin volver atrás.
    Amén.

  5. Oración final

    Santa María, que desatas los nudos,
    ruega por nosotros.

    Dios te salve, María…

    Y tú, Madre, sigue desatando
    lo que yo no sé ni por dónde empezar.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.