Día 2 de 9
Segundo día — El escapulario
Oración de todos los días
Virgen del Carmen, Madre del Carmelo,
que prometiste tu amparo a quienes llevan tu escapulario:
acógenos bajo tu manto.Acompáñanos en el trabajo, en el camino
y en la hora en que tengamos que cruzar solos.
Amén.Lectura del día
14 ¿De qué servirá, hermanos míos, el que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Por ventura a este tal la fe podrá salvarle? 15 Caso que un hermano, o una hermana estén desnudos, y necesitados del alimento diario, 16 ¿de qué les servirá que alguno de vosotros les diga: Id en paz, defendeos del frío, y comed a satisfacción, si no les dais lo necesario para reparo del cuerpo? 17 Así, la fe, si no es acompañada de obras, está muerta en sí misma. 18 Sobre lo cual podrá decir alguno al que tiene fe sin obras: Tú tienes fe, y yo tengo obras; muéstrame tu fe sin obras, que yo te mostraré mi fe por las obras.
Meditación del día 2
Dos telas unidas por un cordón. No es un amuleto: es un compromiso de vivir como hijo suyo, y sin eso no protege de nada.
Santiago escribe para gente que hablaba muy bien de su fe y no movía un dedo por el hermano que tenía frío. Cambia «fe» por «escapulario» y la carta sigue funcionando: ¿de qué sirve llevarlo al cuello si al compañero de trabajo lo humillas, si a la empleada de la casa le pagas tarde, si en la familia eres el que nunca perdona?
La tradición carmelita cuenta que la Virgen entregó el escapulario a san Simón Stock en el siglo XIII. Sea cual sea el detalle histórico, la Iglesia siempre ha dicho lo mismo: es un signo de consagración, no un seguro de vida. Quien lo trata como amuleto, como si la tela hiciera el trabajo, lo ha convertido en superstición, y la superstición no es fe; es miedo con forma de objeto.
La pregunta de hoy es concreta: ¿en qué se nota, esta semana, que perteneces a ella? Si no hay respuesta, el escapulario sigue siendo bueno; lo que falta es lo que debería acompañarlo.
Petición
Que llevarte encima no sea superstición:
que se me note en cómo trato a la gente.
Amén.Oración final
Dios te salve, María…
Nuestra Señora del Carmen,
flor del Carmelo, madre y hermosura del monte:
ruega por nosotros ahora
y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.