Día 2 de 9
Segundo día — La sangre de los inocentes
Oración de todos los días
Preciosísima Sangre de Cristo,
derramada por todos:acuérdate de los que hoy sangran,
de los que mueren violentamente
y de los que dan su vida por otros.
Amén.Lectura del día
8 Dijo después Caín a su hermano Abel: Salgamos fuera. Y estando los dos en el campo, Caín acometió a su hermano Abel y le mató, 9 Preguntóle después el Señor a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y respondió: No lo sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? 10 Replicóle el Señor: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra. 11 Maldito, pues, serás tú desde GÉNESIS ahora sobre la tierra, la cual ha abierto su boca y recibido de tu mano la sangre de tu hermano. 12 Después que la habrás labrado, no te dará sus frutos: errante y fugitivo vivirás sobre la tierra.
Meditación del día 2
Desde Caín, la sangre derramada injustamente clama. No se puede tapar.
Caín invita a su hermano al campo y lo mata. Cuando Dios le pregunta dónde está Abel, contesta con una frase que se ha repetido mil veces desde entonces: ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano? Y Dios responde: la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.
Es el primer crimen de la Biblia, y lo primero que deja claro es que la sangre inocente no se queda callada. Se puede enterrar el cuerpo, negar los hechos, cambiar de tema, pero esa sangre sigue gritando. Dios la oye aunque nadie más la oiga.
En nuestros países hay demasiados casos así: desaparecidos que nunca aparecen, masacres que prescriben sin culpables, falsos positivos, feminicidios archivados. Las familias siguen esperando años en fiscalías y juzgados. La impunidad no es un problema técnico; es seguir dejando que Abel grite sin respuesta. Rezar por esto exige no mirar hacia otro lado. Apoya a las madres que buscan, no repitas que algo habrían hecho, exige justicia con tu voto y tu palabra. Somos, aunque no nos guste, guardianes de nuestros hermanos.
Petición
Que no haya sangre inocente impune en nuestros países.
Amén.Oración final
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.Preciosísima Sangre de Cristo,
derramada por nosotros:
sálvanos y sana a los que hoy sangran.
Amén.
Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.