Salmos 70

1 Salmo de David:

2 De los hijos de Jonadab y de los primeros

3 En ti, Señor, tengo puesta mi esperanza: no sea yo para siempre confundido:

4 líbrame por tu justicia y sácame del peligro. Presta oídos a mis súplicas, y sálvame.

5 Seas para mí un Dios protector, y un seguro asilo para ponerme en salvo: ya que tú eres mi fortaleza y mi refugio.

6 Dios mío, líbrame de las manos del pecador, y de las manos del transgresor de la ley, y del inicuo;

7 pues tú eres, Señor, la esperanza mía; tú, oh Señor, mi seguridad desde mi juventud.

8 En ti me he apoyado desde el vientre de mi madre; desde que estaba en sus entrañas eres tú mi protector. Tú eres siempre el asunto de mis cánticos.

9 Como una especie de prodigio, así soy mirado de muchos; mas tú eres un poderoso defensor.

10 Llénese de loores mi boca, para cantar todo el día tu gloria y la grandeza tuya.

11 No me abandones en el tiempo de la vejez: cuando me faltaren las fuerzas no me desampares.

12 Pues mis enemigos prorrumpen en dicterios contra mí, y se han juntado en consejo los que estaban acechando mi vida,

13 diciendo: Dios le ha desamparado; corred tras él y prendedle, que ya no hay quien liberte.

14 Oh Dios, no te alejes de mí. Acude, Dios mío, a socorrerme.

15 Corridos queden, y perezcan los que calumnian mi persona: cubiertos sean de confusión y vergüenza los que procuran mi daño.

16 Por mi parte no cesaré, oh Señor, de esperar en ti; y añadiré siempre nuevas alabanzas.

17 Mi boca predicará tu justicia todo el día, y la salud que de ti viene. Aunque no sé contarlas,

18 entraré a decir las proezas del Señor: de tu justicia sin igual, Señor, haré memoria.

19 Tú, oh Dios, fuiste mi maestro desde mi tierna edad; y yo publicaré tus maravillas que he experimentado hasta ahora

20 Y tú, oh Dios, en mi vejez y edad decrépita no me desampares: a fin de que anuncie el poder de tu brazo a toda la generación que ha de venir;

21 aquel tu poder y justicia, oh Dios, más sublime que los cielos, y aquellas grandes cosas que has hecho. ¡Quién como tú, oh Dios mío!

22 ¡Cuántas y cuan acerbas tribulaciones me has hecho probar! Y vuelto a mí, me has hecho revivir, y nuevamente me has sacado de los abismos de la tierra.

23 Diste a conocer de mil maneras la magnificencia de tu gloría; y vuelto a mí me consolaste.

24 Por lo que yo también celebraré, al son de instrumentos músicos, la fidelidad tuya en las promesas: te cantaré salmos con la cítara, oh Dios santo de Israel.

25 De gozo rebosarán mis labios, y el alma mía que redimiste, al cantar tus alabanzas.

26 Todo el día se empleará mi lengua en hablar de tu justicia; luego que los que procuran mi daño estén llenos de confusión y vergüenza.