Día 3 de 9

Tercer día — Por los enfermos crónicos

  1. Oración de todos los días

    Virgen de la Asunción,
    llevada al cielo en cuerpo y alma:
    recuérdame que mi cuerpo también importa.

    Cuida el mío, que ya me avisa;
    y dame esperanza de lo que no se ve.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Romanos 8,18-23

    18 A la verdad, yo estoy persuadido de que los sufrimientos de la vida presente no son de comparar con aquella gloria venidera, que se ha de manifestar en nosotros. 19 Así, las criaturas todas, están aguardando con grande ansia la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque se ven sujetas a la vanidad o mudanza no de grado, sino por causa de aquel que les puso tal sujeción; con la esperanza 21 de que serán también ellas mismas libertadas de esa servidumbre a la corrupción, ROMANOS para participar de la libertad y gloria de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que hasta ahora todas las criaturas están suspirando por dicho día, y como en dolores de parto. 23 Y no solamente ellas, sino también nosotros mismos que tenemos ya las primicias del espíritu, nosotros, con todo eso, suspiramos de lo íntimo del corazón, aguardando el efecto de la adopción de los hijos de Dios, esto es, la redención de nuestro cuerpo.
  3. Meditación del día 3

    Para quien lleva años con dolor, esta fiesta es una promesa concreta.

    Pablo dice que toda la creación gime como con dolores de parto, y que también nosotros gemimos por dentro esperando «la redención de nuestro cuerpo». No disimula el gemido. No dice que el sufrimiento sea bueno ni que haya que sonreír. Dice que es un dolor que espera algo, como el de un parto, y no un dolor que termina en nada.

    Quien vive con artritis, fibromialgia, esclerosis, una espalda rota o una enfermedad que no tiene nombre todavía sabe lo que es el cansancio de cada mañana. Lo peor no suele ser el dolor de un día, sino saber que mañana volverá. Para esas personas la Asunción no es un adorno: dice que el cuerpo que hoy duele está destinado a la gloria, igual que el de María. Mientras tanto, pide para ellas lo concreto: un buen tratamiento del dolor, médicos que les crean, familia que no se canse de ellas. Y si eres tú quien lo vive, puedes gemir delante de Dios sin pedir perdón por ello.

  4. Petición

    Sostén a los que viven con dolor todos los días.
    Amén.

  5. Oración final

    Dios te salve, María…

    Virgen Asunta al cielo,
    ruega por nosotros
    y alcánzanos la esperanza de la resurrección,
    cuerpo y alma, como tú.
    Amén.

Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.