Salmos 94

1 Alabanza o cántico del mismo David.

2 Venid, regocijémonos en el Señor; cantemos con júbilo las alabanzas del Dios, Salvador nuestro.

3 Corramos a presentarnos ante su acatamiento, dándole.gracias, y entonando himnos a su gloria.

4 Porque el Señor es el Dios grande, y un rey más grande que todos los dioses.

5 Porque en su mano tiene toda la extensión de la tierra, y suyos son los más encumbrados montes.

6 Suyo es el mar, y obra es de sus manos; y hechura de sus manos es la tierra.

7 Venid, pues, adorémosle; postrémonos, derramando lágrimas, en la presencia del Señor que nos ha criado;

8 pues él es el Señor Dios nuestro, y nosotros el pueblo a quien él apacienta, y ovejas de su grey.

9 Hoy mismo, si oyereis su voz, guardaos de endurecer vuestros corazones;

10 como sucedió, dice el Señor, cuando me provocaron a ira, entonces que hicieron prueba de mí en el desierto; en donde vuestros padres me tentaron, probáronme, y vieron mis obras.

11 Por espacio de cuarenta años estuve irritado contra esta raza de gente, y decía: Siempre está descarriado el corazón de este pueblo.

12 Ellos no conocieron mis caminos; por lo que juré, airado, que no entrarían en mi reposo.

De qué trata este capítulo

Es el salmo con el que la Iglesia abre cada día la Liturgia de las Horas en el Invitatorio (95 en la numeración hebrea), conocido por su primera palabra latina, Venite. Invita a cantar con júbilo a la roca que salva y a entrar en su presencia con acción de gracias (versículos 2 y 3), porque es un Dios grande, dueño de la tierra, los montes y el mar (versículos 4 a 6).

Los versículos 7 y 8 llaman a postrarse ante el Creador, pues somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Desde el versículo 9 habla Dios: «Hoy, si escucháis su voz», no endurezcáis el corazón como en el desierto. La carta a los Hebreos comenta ampliamente estos versículos en sus capítulos 3 y 4.

Este capítulo en la misa

Pasajes de este capítulo se proclaman en 6 celebraciones del año litúrgico: