Salmos 78

1 Salmo de Asaf.

2 Oh Dios, los gentiles han entrado en tu heredad: han profanado tu santo templo: han dejado a Jerusalén tal como una barraca de hortelano.

3 Los cadáveres de tus siervos los han arrojado para pasto de las aves del cielo; han dado las carnes de tus santos a las bestias de la tierra.

4 Como agua han derramado la sangre suya alrededor de Jerusalén; sin que hubiese quien los sepultase.

5 Somos el objeto de oprobio para con núestros vecinos, el escarnio y la mofa de nuestros comarcanos.

6 ¿Hasta cuándo, Señor, durará tu implacable enojo? ¿Hasta cuándo arderá como el fuego ese tu celo?

7 Descarga tu ira sobre las naciones que no te conocen, y sobre los reinos que no adoran tu nombre;

8 pues que han asolado a Jacob y devastado su morada.

9 ¡Ahí No te acuerdes de nuestras antiguas maldades: anticípense a favor nuestro cuanto antes tus misericordias, pues nos hallamos reducidos a una extrema miseria.

10 Ayúdame, oh Dios, salvador nuestro; y por la gloria de tu nombre libramos, señor; y perdónanos nuestros pecados por amor de tu nombre.

11 No sea que se diga entre los gentiles: ¿Dónde está el Dios de ésos? Brille, pues, entre las naciones, y vean nuestros ojos la venganza que tomas de la sangre de tus siervos, que ha sido derramada:

12 asciendan ante tu acatamiento los gemidos de los encarcelados. Conserva con tu brazo poderoso los hijos de los que han sido sacrificados a la muerte.

13 Págales, Señor, a nuestros vecinos con males siete veces mayores, por las blasfemias que contra ti han vomitado.

14 Entretanto, nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu grey, cantaremos perpetuamente tus alabanzas: de generación en generación publicaremos tus glorias.

De qué trata este capítulo

Lamento de Asaf tras la caída de Jerusalén (salmo 79 en la numeración hebrea). Las naciones han invadido la heredad de Dios, profanado el templo y dejado la ciudad en ruinas, con los cadáveres de los fieles expuestos a las aves y sin nadie que los entierre (versículos 2 a 4). El pueblo se ha convertido en burla de sus vecinos (versículo 5).

La comunidad pregunta hasta cuándo durará la ira divina y pide que no se le tengan en cuenta las culpas de los antepasados (versículos 6 a 9). Ruega ayuda por la gloria del nombre de Dios, para que los paganos no digan «¿dónde está su Dios?» (versículos 10 y 11). Concluye prometiendo que el pueblo, rebaño del Señor, le dará gracias por todas las generaciones (versículo 14).

Este capítulo en la misa

Pasajes de este capítulo se proclaman en 4 celebraciones del año litúrgico: