Salmos 77

1 Inteligencia, o instrucción de Asaf.

2 Escucha, pueblo mío, mi ley; y ten atentos tus oídos para percibir las palabras de mi boca.

3 La abriré profiriendo parábolas; diré cosas recónditas desde el principio del mundo.

4 Las cuales las hemos oído y entendido, y nos las contaron ya nuestros padres.

5 No las ocultaron éstos a sus hijos, ni a su posteridad: publicaron, sí, las glorias del Señor, y los prodigios y maravillas que había hecho.

6 5. Él estableció alianza con Jacob y dio la ley a Israel: Todo lo cual mandó a nuestros padres que lo hiciesen conocer a sus hijos.

7 Para que lo sepan las generaciones venideras. Los hijos que nacerán y crecerán, lo contarán igualmente a sus hijos:

8 a fin de que pongan en Dios su esperanza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden con esmero sus mandamientos;

9 para que no sean, como sus padres, generación perversa y rebelde: generación que nunca tuvo recto su corazón, ni su espíritu fiel a Dios.

10 Los hijos de Efraím, diestros en tender y disparar el arco, volvieron las espaldas en el día del combate.

11 Habían faltado al pacto con Dios, y no habían querido seguir su ley.

12 Olvidáronse de sus beneficios, y de las maravillas que obró a vista de ellos.

13 Delante de sus padres hizo portentos en la tierra de Egipto, y en las llanuras de Tanis.

14 Rompió la mar por medio, y los hizo pasar, y contuvo las olas como en un montón.

15 Y los fue guiando de día por medio de una nube, y toda la noche con resplandor de fuego.

16 En el desierto hendió una peña, y la dio para beber como un caudaloso río:

17 pues hizo brotar de una roca raudales de agua, que corrieron a manera de ríos.

18 Ellos volvieron, sm embargo, a pecar contra él. En aquel árido desierto provocaron a ira al Altísimo;

19 pues tentaron a Dios en sus corazones, pidiendo manjares a medida de su gusto.

20 Y hablaron mal de Dios, y dijeron: ¿Por ventura podrá Dios preparar una mesa en el desierto?

21 Porque él dio un golpe a la peña y salieron aguas, y se formaron torrentes caudalosos, ¿podrá acaso dar también pan, y poner una mesa a su pueblo?

22 Oyólo el Señor, e irritóse, y encendióse el fuego de su cólera contra Jacob, y subió de punto su indignación contra Israel:

23 porque no creyeron a Dios, ni esperaron de él la salud.

24 Siendo así que dio orden a las nubes que tenían encima, y abrió las puertas del cielo,

25 y les llovió el maná para comer, dándoles pan del cielo.

26 Pan de ángeles comió el hombre. Envióles víveres en abundancia.

27 Retiró del cielo al viento meridional, y sustituyó con su poder el ábrego.

28 E hizo llover sobre ellos carnes en tanta abundancia como polvo, y aves volátiles como arenas del mar;

29 aves que cayeron en medio de sus campamentos, alrededor de sus tiendas.

30 Con lo que comieron y quedaron ahitos, y satisficieron su deseo,

31 y quedó cumplido su antojo. Aún estaban con el bocado en la boca,

32 cuando la ira de Dios descargó sobre ellos; y mató a los más robustos del pueblo, acabando con lo más florido de Israel.

33 A pesar de todo esto pecaron nuevamente, y no dieron crédito a sus milagros.

34 Y así sus días desvaneciéronse como humo, y acabáronse presto los años de su vida.

35 Cuando el Señor hacía en ellos mortandad, entonces recurrían solícitos a buscarle.

36 Y acordábanse que Dios es su amparo, y que el Dios Altísimo era su redentor.

37 Pero le amaron de boca, y le mintieron con su lengua:

38 pues su corazón no fue sincero para él, ni fueron fieles a su alianza.

39 El Señor, empero, es misericordioso, y les perdona sus pecados, ni acababa del todo con ellos. Contuvo muchísimas veces su indignación, y no dio lugar a todo su enojo;

40 haciéndose cargo que son carne, un soplo que sale y no vuelve.

41 ¡Oh, cuántas veces le irritaron en el desierto! ¡Cuántas le provocaron a ira en aquel erial!

42 Y volvían de nuevo a tentar a Dios, y a exasperar al santo de Israel.

43 No se acordaron de lo que hizo en el día aquel en que los rescató de las manos del tirano;

44 cuando ostentó sus prodigios en Egipto, y sus portentos en los campos de Tanis:

45 cuando trocó en sangre los ríos y demás aguas para que los egipcios no pudiesen beber.

46 Envió contra éstos todo género de moscas. que los consumiesen, y ranas que los corrompieran.

47 Entregó sus frutos al pulgón, y sus sudores a la langosta.

48 Destruyóles las viñas con granizo, y los árboles con heladas,

49 y exterminó con la piedra sus ganados, y abrasó con rayos todas sus posesiones.

50 Descargó sobre ellos la cólera de su enojo, la indignación, la ira, y la tribulación, que les envió por medio de ángeles malos.

51 Abrió ancho camino a su ira, no perdonó a sus vidas: hasta sus jumentos envolvió en la misma mortandad.

52 Hirió de muerte a todos los primogénitos del país de Egipto, las primicias de todos sus trabajos en los pabellones de los descendientes de Can.

53 Entonces sacó a los de su pueblo como ovejas, y guiólos como una grey por el desierto.

54 Y condújolos llenos de confianza, quitándoles todo temor; mientras que a sus enemigos los sepultó en el mar.

55 Y los introdujo después en el monte de su santificación: monte que adquirió con el poder de su diestra. Al entrar ellos arrojó de allí las naciones; repartióles por suerte la tierra, distribuyéndosela con cuerdas de medir.

56 Y colocó las tribus de Israel en las habitaciones de aquellas gentes.

57 Mas ellos tentaron de nuevo y exasperaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus mandamientos.

58 Antes bien le volvieron las espaldas, y se le rebelaron: semejantes a sus padres, falsearon como un arco torcido.

59 Incitáronle a ira en sus collados, y con el culto de los ídolos le provocaron a celos.

60 Oyólos Dios, y los despreció: y redujo a la última humillación a Israel.

61 Y desechó el Tabernáculo de Silo, aquel su Tabernáculo donde tenía su morada entre los hombres.

62 Y la fuerza de ellos la entregó a cautiverio: toda su gloria la puso en poder de los enemigos.

63 Y no haciendo ya caso de un pueblo que era su heredad, le entregó al filo de la espada.

64 El fuego devoró sus jóvenes; y sus vírgenes no fueron plañidas.

65 Perecieron a cuchillo sus sacerdotes, y nadie lloraba las viudas de ellos.

66 Entonces despertó el Señor, a la manera del que ha dormido; como un valiente guerrero refocilado con el vino.

67 E hirió el Señor a sus enemigos en las partes posteriores; cubriólos de oprobio sempiterno.

68 Y desechó el Tabernáculo, de José: y no eligió morar ya en la tribu de Errara;

69 sino que eligió la tribu de Judá, el monte de Sión, al cual amó.

70 Aquí, en esa tierra que había asegurado por todos los siglos, edificó su santuario único y fuerte como asta de unicornio.

71 Y escogió a su siervo David, sacándole de entre los rebaños de ovejas, cuando las apacentaba con sus crías;

72 para que pastorease a los hijos de Jacob, su siervo, a Israel, herencia suya.

73 Y los apacentó con la inocencia de su corazón, y los gobernó con la sabiduría o prudencia de sus acciones.