Salmos 76

1 Para el fin: para Iditun, salmo de Asaf.

2 Alcé mi voz, y clamé al Señor; a Dios clamé y me atendió.

3 En el día de mi tribulación acudí solícito a Dios, levanté por la noche mis manos hacia él, y no quedé burlado. Se había negado mi alma a todo consuelo;

4 acordéme de Dios, y me sentí bañado de gozo; ejercitéme en la meditación, y caí en un deliquio.

5 Estuvieron mis ojos abiertos antes de la madrugada; estaba como atónito, y sin articular palabra.

6 Púseme a considerar los días antiguos, y a meditar en los años eternos.

7 En esto me ocupaba allá en mi corazón durante la noche, y lo rumiaba, y examinaba mi interior.

8 ¿Es posible, decía, que Dios nos ha de abandonar para siempre, o no ha de volver a sernos propicio?

9 ¿O que ha de privar eternamente de su misericordia a todas las generaciones venideras?

10 ¿Ha de olvidarse Dios de usar de clemencia, o detendrá con su ira el curso de sus misericordias?

11 Entonces dije: Ahora comienzo a respirar; de la diestra del Altísimo me viene esta mudanza.

12 Traeré a la memoria las obras del Señor. Sí por cierto, haré memoria de las maravillas que has hecho desde el principio.

13 Y meditaré todas tus obras, y consideraré tus designios.

14 ¡Oh Dios!, santo es tu camino. ¿Qué Dios hay que sea grande como el Dios nuestro?

15 Tú eres el Dios, autor de los prodigios. Tú hiciste manifiesto a los pueblos tu poderío:

16 con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José.

17 Viéronte las aguas, oh Dios, viéronte las aguas, y se llenaron de temor, y estremeciéronse los abismos.

18 Grande fue el estruendo de las aguas: tronaron las nubes: atravesaron tus rayos,

19 girando en torno la voz de tus truenos. Relumbraron tus relámpagos por toda la redondez de la tierra: toda ella se estremeció y tembló.

20 Te abriste camino dentro del mar; caminaste por en medio de muchas aguas, y no se conocerán los vestigios de sus pisadas.

21 Condujiste a tu pueblo, como otras tantas ovejas, por el ministerio de Moisés y de Aarón.